
Mientras México participa en la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y amplía su presencia en nuevos mercados con la incorporación del Reino Unido al TIPAT, cobra relevancia un factor menos visible pero determinante para aprovechar estas oportunidades comerciales: la capacidad de la logística refrigerada para preservar la calidad de los alimentos durante su traslado.
“Tanto la consolidación del comercio con Estados Unidos como la apertura de nuevos mercados exigen que la infraestructura logística evolucione al mismo ritmo que los nuevos requisitos comerciales, particularmente en lo que respecta a la cadena de frío”, señala Adrián Madero, Director Comercial de Emergent Cold LatAm en México.
Este nuevo contexto comercial también eleva el nivel de exigencia para los exportadores mexicanos. Conforme los productos mexicanos recorren mayores distancias y enfrentan estándares sanitarios cada vez más exigentes, mantener su calidad durante todo el trayecto se vuelve un factor de competitividad. La capacidad de la infraestructura refrigerada para garantizar la conservación, la trazabilidad y el cumplimiento de los estándares internacionales será clave para aprovechar las oportunidades que abren los nuevos acuerdos comerciales.
Trabajar con operadores logísticos especializados deja de ser una decisión operativa para convertirse en una ventaja competitiva. La cadena de frío va mucho más allá del almacenamiento refrigerado: es la infraestructura que sostiene la llamada economía del frío (cold economy), un ecosistema integrado por almacenes especializados, transporte refrigerado, tecnologías de automatización, sistemas de monitoreo y una red logística capaz de mantener la calidad de los productos a lo largo de toda la cadena de suministro.
“Si la cadena de frío falla, no solo se pierde producto. También se pone en riesgo la reputación del exportador y la confianza en la marca Made in Mexico”, agrega Madero.
Esta infraestructura no solo facilita el comercio internacional, sino que fortalece la resiliencia de las cadenas de abastecimiento y la competitividad de regiones exportadoras como México.
De hecho, la importancia de la infraestructura refrigerada puede medirse también en dinero. A nivel mundial, la FAO estima que aproximadamente el 14% de los alimentos se pierde entre la cosecha y la distribución, principalmente por deficiencias en almacenamiento, transporte y logística. Además del desperdicio, estas fallas pueden comprometer el cumplimiento de contratos internacionales.
La infraestructura refrigerada continúa expandiéndose en México, se estima que el mercado mexicano de logística en frío alcanzará un valor estimado de 7.39 mil millones de dólares en 2026 y que crecerá impulsado por el crecimiento de las exportaciones agroalimentarias (Mordor Intelligence).
Para responder a esa demanda, las empresas del sector han acelerado sus planes de expansión. Emergent Cold LatAm opera 36 almacenes de múltiples temperaturas en México, con una capacidad superior a 240 mil posiciones de tarima y 1.8 millones de metros cúbicos, además de ejecutar un plan de expansión en distintas regiones estratégicas para acompañar el crecimiento de la demanda logística y de las exportaciones agroalimentarias.
“Consolidar el comercio con socios estratégicos como Estados Unidos y, al mismo tiempo, responder a nuevas oportunidades internacionales es apenas el primer paso. El siguiente reto será asegurar que la infraestructura logística evolucione al mismo ritmo que las exportaciones. La cadena de frío ya no es únicamente un componente logístico, es una infraestructura estratégica para la competitividad del país”, concluye Adrián Madero.