nullMaría del Carmen Esmer Sánchez*
El tamizaje neonatal integral representa una de las herramientas más poderosas para prevenir condiciones que pueden causar discapacidad o muerte en recién nacidos que aparentan estar sanos. La importancia de realizar estas pruebas radica en la oportunidad de detectar una afección antes de que se manifiesten síntomas graves y cambiar radicalmente el futuro del menor y su calidad de vida.
El tamiz metabólico es fundamental para diagnosticar problemas como el hipotiroidismo congénito (falta de hormonas de la tiroides) que puede resolverse fácilmente con la administración de ciertos medicamentos. O la fenilcetonuria (enfermedad genética en la que la ingesta de proteínas causa daño neuronal) que puede resolverse con dietas y alimentos especiales. Se recomienda realizarlo entre el tercer y quinto día de vida para evitar daños irreversibles en el neurodesarrollo. Por su parte, el tamiz cardiaco, obligatorio en México, utiliza oximetría para detectar cardiopatías críticas antes de que el bebé deje el hospital, lo que permite intervenciones quirúrgicas tempranas y reduce la mortalidad infantil drásticamente.
Para el desarrollo sensorial, el tamiz auditivo debe efectuarse en el primer mes de vida, siendo la clave para una correcta adquisición del lenguaje y el desarrollo psicosocial. El tamiz oftalmológico, indicado a la cuarta semana, busca prevenir la ceguera irreversible al identificar problemas como cataratas o cáncer de la retina. Finalmente, el tamiz de cadera, realizado mediante ultrasonido entre la cuarta y sexta semana, permite diagnosticar la displasia del desarrollo de la cadera, previniendo cojera y problemas motores permanentes. Estas intervenciones aseguran que cada niño crezca con salud y plenitud.
*Profesora de la Escuela de Medicina y Ciencias de la Salud, Tecnológico de Monterrey Campus Querétaro y especialista en Genética Médica.