Quentin Tarantino no es precisamente el mayor defensor de las series de televisión. El director de 'Pulp Fiction', 'Kill Bill' y 'Malditos bastardos' ha dejado claro en más de una ocasión que prefiere la experiencia cerrada de una película, con una historia que empieza, desarrolla a sus personajes y llega a una conclusión antes de que aparezcan los créditos. Por eso resulta especialmente llamativo cuando una producción televisiva consigue colarse entre sus favoritas.
Y hay una miniserie de Netflix que logró hacerlo hasta el punto de que Tarantino prácticamente dejó de verla como una serie: 'Gambito de dama'. La producción protagonizada por Anya Taylor-Joy le fascinó por su puesta en escena, su narrativa y, sobre todo, por la sensación de estar ante una película de varias horas dividida en episodios. Una historia cerrada, sin temporadas interminables y con una identidad visual tan potente que incluso alguien tan poco amigo de la televisión como Tarantino tuvo que rendirse a sus encantos.
La serie perfecta para él
La producción que consiguió romper las reticencias de Tarantino fue 'Gambito de dama', la miniserie de 2020 protagonizada por Anya Taylor-Joy. Durante una conversación en el podcast The Rewatchables, el cineasta destacó especialmente su apartado visual y la manera en la que estaba construida. "Es una de las series más cinematográficas que he visto", señaló antes de resumir su impresión con una frase todavía más contundente: "Es esencialmente una película larga en siete partes".
También ayuda que los siete episodios estén escritos y dirigidos por la misma persona: Scott Frank. El cineasta y guionista, responsable también de 'Godless' y guionista de películas como 'Logan', mantiene el control de principio a fin para contar la historia de Beth Harmon como una única pieza. No hay una sucesión de capítulos que parezcan producciones independientes, sino una historia continua que avanza como si estuviéramos viendo una película de casi siete horas dividida en pequeñas partes.
La protagonista es Beth Harmon, una joven que queda huérfana y acaba en un internado de Kentucky durante los años 50. Allí descubre el ajedrez gracias al conserje y pronto demuestra tener un talento extraordinario para el juego. Pero su ascenso como prodigio del ajedrez avanza en paralelo a su dependencia de los tranquilizantes y, posteriormente, del alcohol. La serie sigue su evolución desde aquellas primeras partidas hasta su enfrentamiento con algunos de los mejores jugadores del mundo, convirtiendo una historia sobre ajedrez en un relato de obsesión, talento y autodestrucción.
La gran virtud de 'Gambito de dama' es que consigue que el ajedrez resulte apasionante incluso para quienes no tienen ni idea de cómo se juega. Scott Frank utiliza el montaje, la música, la fotografía y las miradas de Beth para convertir cada partida en una secuencia de tensión. El tablero se convierte prácticamente en un escenario de acción, y basta con observar a la protagonista para entender lo que está en juego. Anya Taylor-Joy carga con buena parte de esa responsabilidad y consigue transmitir muchísimo incluso cuando Beth permanece en silencio frente a las 32 piezas del tablero.
El fenómeno fue además mucho mayor de lo que podía esperarse de una miniserie sobre ajedrez. Según las cifras difundidas por Netflix, 'Gambito de dama' fue vista por 62 millones de hogares durante sus primeros 28 días y llegó al número uno en 63 países. El interés por el ajedrez aumentó considerablemente y la novela de Walter Tevis en la que se basa regresó a las listas de superventas décadas después de su publicación. La producción también arrasó en los Emmy, donde consiguió 11 premios de un total de 18 nominaciones, incluyendo Mejor Miniserie y Mejor Dirección para Scott Frank.
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Quentin Tarantino y su miniserie favorita en Netflix: "Es esencialmente una película larga de siete partes"
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Belén Prieto
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