¡Ey, Tecnófilos! ¿Qué está pasando por ahí?
Vamos con un tema que quema, literalmente, en cualquier sobremesa de empresarios de este país: ¿las bajas laborales son reales o son el cuento del fraude generalizado? Y como aquí el dato mata al relato, vamos a mirarlo con lupa antes de repartir estopa a lo loco.
Empiezo por lo que sí es innegable: el absentismo se ha disparado. En Galicia, el coste ya supera los 3.215 millones de euros al año, el 3,7 % del PIB gallego, y somos la cuarta comunidad con más horas pactadas no trabajadas de toda España. A nivel nacional, el coste total alcanzó los 59.109 millones, un 11,7 % más que el año anterior y máximo histórico de la serie. Y aquí viene el dato que más me interesa: las bajas médicas han adelantado ya a las vacaciones como primera causa de horas no trabajadas. Por primera vez desde que hay registros.
Ahora la pregunta que tú planteas: ¿cuánto de esto es fraude? Pues, según el propio informe de Adecco que recoge estos datos, solo el 1 % de las ausencias son injustificadas. Y lo dicen con una frase que deberíamos colgar en la puerta de cualquier despacho de recursos humanos: «Es un error equiparar el absentismo con faltas injustificadas: estas son solo una fracción menor del total». Traducido a números: el absentismo no justificado son 20 minutos al mes por persona. Veinte minutos. Ahí no está el agujero de 59.000 millones.
Entonces, ¿dónde está? En algo que sí es verificable y que además explica el salto brutal desde la pandemia: las bajas por salud mental han subido un 66 % desde 2018, según el INSS. La población española con depresión se ha triplicado en tres años, según la Encuesta Nacional de Salud del INE. Somos el país líder mundial en consumo de ansiolíticos. Y el porcentaje de trabajadores de baja en el Régimen General ha crecido un 70,4 % desde 2019. Esto no es gente fingiendo un mal día porque le dejó la novia. Esto es un país con una salud mental que se ha roto en cinco años y un sistema que no da abasto para tratarla.
Y aquí está el verdadero problema, el que nadie quiere señalar porque no vende titulares fáciles: un médico de atención primaria con seis minutos por paciente y una lista de espera de meses para psicología o psiquiatría pública no tiene más herramienta disponible que la baja. No es que el médico regale papeles por miedo a nada. Es que el sistema le ha dejado sin capacidad real de diagnosticar bien ni de tratar a tiempo, así que la baja se convierte en el único parche que puede ofrecer. Eso no es fraude del trabajador ni negligencia del médico. Es una sanidad pública colapsada disfrazando su falta de recursos con un expediente de incapacidad temporal.
Lo que no se mide no se controla, y aquí llevamos años midiendo mal el problema: buscando al vago que finge en lugar de mirar a la sanidad que no llega, a las plantillas envejecidas que ya no aguantan el ritmo y a un modelo de trabajo que ha convertido el burnout en la norma en sectores enteros.
Así que no, no es un ejército de fingidores lo que nos está costando 59.000 millones al año. Es una economía que sigue midiendo síntomas en lugar de atacar causas. Y mientras sigamos con ese diagnóstico equivocado, el coste solo va a subir. @mundiario
¡Se me tecnologizan!