Ciudad de México.- La hora a la que comemos podría ser tan importante como lo que ponemos en el plato. La llamada crononutrición estudia cómo nuestro reloj biológico influye en la manera en que el organismo procesa los alimentos.
Diversas investigaciones han encontrado que comer más temprano favorece el control de la glucosa y el metabolismo, mientras que hacerlo cerca de la hora de dormir puede dificultar estos procesos. Un estudio con más de 800 personas, por ejemplo, encontró una peor respuesta de azúcar en sangre cuando una comida se consumía una hora antes de acostarse.
Comer tarde también podría aumentar el hambre al día siguiente, alterar las hormonas de la saciedad y favorecer el almacenamiento de grasa. Además, investigaciones relacionan horarios tardíos de alimentación con un mayor riesgo de obesidad y enfermedades cardiovasculares.
Por eso, los especialistas recomiendan concentrar las comidas más abundantes en las primeras horas del día y optar por una cena más ligera. Como regla práctica, sugieren cenar al menos tres horas antes de dormir.
El objetivo no es seguir una hora exacta, sino evitar que la alimentación quede desfasada respecto al reloj biológico.
La próxima vez que pienses qué vas a cenar, quizá también convenga mirar el reloj.
Con información de agencias e internet.