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Mundiario 22 Aug, 2026 13:41

De aliados a rivales: Israel pone a Turquía en la mira y lanza desde Siria un aviso a Erdogan

La relación entre Israel y Turquía se ha enrarecido y afronta su momento más delicado en décadas. Las acusaciones cruzadas entre Benjamín Netanyahu y Recep Tayyip Erdogan, las amenazas públicas y ahora una petición de arresto internacional contra el primer ministro israelí son solo la superficie de una disputa de fondo: quién tendrá capacidad para definir el equilibrio de poder en la Siria posterior a Bachar el Asad.

El episodio que mejor resume el nuevo escenario ocurrió esta semana. Tel Aviv bombardeó la base aérea siria de Abu al-Duhur, en el noroeste del país, después de detectar movimientos vinculados a una posible ampliación de la presencia turca. El ataque no causó víctimas, pero sí provocó una airada reacción de Ankara y la preocupación de Washington.

Para Netanyahu, sin embargo, no fue un accidente ni un mensaje ambiguo. “El mensaje llegó a destino, pero aparentemente no lo oyeron bien, así que nos aseguramos de que se entendiera mejor”, dijo el primer ministro israelí en una entrevista, que avisa de que su Gobierno está trazando una línea roja a la expansión de influencia de Turquía en su país vecino, inmerso en una transición hacia una democracia bajo un Estado unitario tras el derrocamiento de la dictadura baazista.

La caída del régimen de Asad ha cambiado radicalmente la geopolítica de Oriente Próximo. Durante años, Israel consideró a Irán y a sus aliados del Eje de la Resistencia como la principal amenaza desde el norte. Ahora, con Teherán debilitado y Damasco bajo un nuevo liderazgo, Turquía emerge como el actor con mayor capacidad para llenar parte de ese vacío.

Ankara ha apostado decididamente por el nuevo Gobierno de Ahmed al Sharaa. Turquía pretende contribuir a reconstruir las Fuerzas Armadas sirias, proporcionar formación y apoyo logístico y, a más largo plazo, consolidar una presencia militar propia. Ahí está el problema para Israel. La posibilidad de que Turquía despliegue sistemas de defensa aérea o establezca instalaciones militares en Siria podría reducir la libertad de acción de la aviación israelí precisamente en el sur del país, un territorio que Tel Aviv considera esencial para su seguridad.

Israel ya controla posiciones en la zona desmilitarizada próxima a los Altos del Golán y ha destruido buena parte de las capacidades militares heredadas de Asad, al tiempo que corteja a los drusos de Sweida y a los alauitas. Su objetivo es impedir que cualquier nuevo poder convierta el sur en una plataforma hostil. Turquía, en cambio, quiere que la nueva Siria sea un Estado soberano con capacidad militar propia y con Ankara como uno de sus principales socios. Las dos estrategias chocan frontalmente.

Netanyahu: “Israel no lo tolerará”

El jefe del Estado Mayor israelí, Eyal Zamir, ya había lanzado el mensaje desde el propio frente sirio. Israel, afirmó, no permitirá que fuerzas consideradas hostiles se establezcan junto a sus fronteras y utilizará sus capacidades militares “allí donde y cuando sea necesario”. El ministro de Defensa, Israel Katz, fue todavía más explícito al dirigirse directamente a Erdogan y declarar que “Israel no permitirá que ningún actor amenace su seguridad”.

Ankara respondió acusando a Israel de poner en peligro la estabilidad, la unidad y la integridad territorial de Siria. El Ministerio de Defensa turco considera el ataque contra Abu al-Duhur una acción destinada precisamente a desestabilizar el país. El enviado especial estadounidense para Siria, Tom Barrack, tampoco ocultó su preocupación. El diplomático estadounidense calificó el bombardeo de “escalada innecesaria” que no contribuye a la estabilidad regional.

La crisis ha dado este viernes un nuevo salto. El ministro de Justicia turco, Akin Gürlek, ha solicitado a Interpol que aplique la orden de arresto internacional contra Netanyahu en el marco de la investigación abierta en Turquía por el asalto a la Flotilla Global Sumud rumbo a Gaza, de principios de año. Ankara acusa a altos cargos israelíes de posibles delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y torturas.

Netanyahu respondió inmediatamente con uno de sus ataques más duros contra Erdogan. Lo calificó de “dictador antisemita” y acusó al presidente turco de perseguir a kurdos, encarcelar a periodistas y políticos opositores y albergar a miembros de Hamás. Pero el mensaje más importante estaba al final, que Israel no permitirá que Erdogan extienda su política contra Israel hacia Siria.

Dos países que fueron aliados

La transformación resulta especialmente llamativa porque Israel y Turquía fueron durante años socios estratégicos. En los años noventa desarrollaron una estrecha cooperación militar, económica y de inteligencia. Turquía era uno de los principales interlocutores de Israel en el mundo musulmán y ambos países compartían una relación especialmente próxima con Estados Unidos.

La situación cambió progresivamente durante el mandato de Erdogan. La Segunda Intifada, el conflicto de Gaza y, sobre todo, el asalto israelí al barco Mavi Marmara en 2010, que intentaba romper el bloqueo de Gaza, deterioraron definitivamente la relación. Desde entonces, Erdogan se ha convertido en uno de los líderes internacionales más críticos con Israel y Netanyahu. La guerra de Gaza ha llevado esa hostilidad a un nuevo nivel. Pero Siria introduce una dimensión completamente diferente, ya que en juego están los intereses de seguridad y proyección militar que se superponen sobre el terreno.

Ese es precisamente uno de los argumentos que algunos antiguos dirigentes israelíes utilizan para pedir prudencia. El ex primer ministro Ehud Barak ha advertido contra una escalada deliberada con Ankara, y había advertido de que Turquía no es Irán ni la Siria de Asad, ya que es una potencia militar formidable, miembro de la OTAN y con capacidad para ejercer una influencia decisiva sobre el futuro de Siria. Además, mantiene una relación privilegiada con Estados Unidos pese a sus profundas diferencias con Washington. Por eso, convertir a Turquía en un enemigo abierto tendría costes mucho mayores que enfrentarse a milicias apoyadas por Irán o a un régimen sirio debilitado.

La nueva competencia por Siria

En medio se encuentra Donald Trump. El presidente estadounidense mantiene una relación personal privilegiada tanto con Netanyahu como con Erdogan. Washington tiene, por tanto, un interés en evitar que el enfrentamiento entre ambos aliados se convierta en una crisis estratégica. Israel ya ha intentado influir en la política estadounidense respecto a Turquía. Netanyahu pidió a Trump que no facilitara la venta de cazas F-35 a Ankara, consciente de que una Turquía dotada de capacidades militares avanzadas tendría mayor margen para proyectar poder en Siria.

Al mismo tiempo, Estados Unidos necesita a Turquía para múltiples cuestiones regionales, desde la OTAN hasta el curso de la transición siria y la seguridad del Mediterráneo oriental. Trump puede ser el único actor con capacidad para frenar a los dos protagonistas antes de que las líneas rojas se conviertan en enfrentamientos directos.

Además, la batalla por la influencia en Siria está configurando un nuevo mapa de Oriente Próximo. Turquía quiere consolidar al Gobierno de Al Sharaa y evitar que los kurdos sirios dispongan de un territorio autónomo que pueda convertirse en una amenaza para Ankara. Israel quiere impedir que cualquier nueva estructura militar siria o extranjera se convierta en un peligro para sus fronteras.

A ese tablero se suman Qatar y Arabia Saudí, cada uno con sus propios intereses, mientras Rusia conserva posiciones militares y Estados Unidos mantiene presencia e influencia. El resultado es una Siria que, lejos de quedar al margen de las rivalidades regionales después de la caída de Asad, puede convertirse en el principal escenario de la próxima pugna de Oriente Próximo. Y ahí está la verdadera importancia del bombardeo de Abu al-Duhur. @mundiario

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