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El Diario 22 Aug, 2026 20:00

Golpea sequía a Nuevo México

Casi el 95% del territorio de Nuevo México atraviesa algún grado de sequía luego de que julio registrara temperaturas históricamente altas, según un nuevo pronóstico de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA). Las lluvias del monzón, calificadas como “aisladas” por la propia dependencia, no lograron aliviar de manera significativa la crisis de abasto de agua que enfrenta el oeste de Estados Unidos.

El reporte, difundido el jueves, dio seguimiento al estado de las principales presas de las cuencas del río Colorado y del río Grande (río Bravo en México), y advirtió que varias de ellas —entre estas el Lago Mead y el Lago Powell— se ubican en mínimos históricos.

En Nuevo México, la Presa del Elefante (Elephant Butte) permanece al 1.4% de su capacidad, un nivel que llevó a autoridades estatales a cerrar a principios de este mes la rampa principal de embarcaciones del lago por razones de seguridad.

Pese al panorama actual, funcionarios estatales anticipan una mejoría hacia noviembre. De acuerdo con el pronóstico, existe una probabilidad del 90% de que se desarrolle un fenómeno de “El Niño” de intensidad “muy fuerte”, lo que podría traducirse en condiciones más húmedas para la región intermontañosa durante el otoño.

Aun así, la propia NOAA matizó que un repunte en las lluvias del monzón no bastará para “eliminar por completo la sequía y sus efectos”.

El pronóstico de julio contrasta con el optimismo que la dependencia había mostrado apenas semanas antes: a inicios de ese mes, NOAA proyectaba lluvias monzónicas significativas para la región durante el verano. Sin embargo, el reporte más reciente reconoce que Nuevo México vivió su segundo julio más caluroso desde que existen registros, mientras que el oriente del estado continuó secándose sin precipitaciones relevantes.

El mapa de sequía de la dependencia federal ubica un 3% del territorio estatal —Albuquerque, Santa Fe y parte de la esquina noreste— en “sequía severa”, en tanto que cerca de una tercera parte de Nuevo México, concentrada en la zona norte, sufre ya “sequía extrema”. El propio pronóstico anticipa que la situación no mejorará en las próximas dos semanas: casi todo el estado, salvo sus franjas norte y oeste, enfrenta una probabilidad del 100% de temperaturas por encima del promedio.

Crisis en la franja verde

La Presa del Elefante es el embalse más grande de Nuevo México y una pieza clave para la agricultura del valle del río Grande al noroeste de El Paso, Texas, una franja verde que ya llamaba la atención vista desde el espacio: en 1962, el astronauta John Glenn describió el contraste entre ese valle irrigado y el desierto que lo rodea. Gracias al agua de riego, la región produce alfalfa, algodón, cebolla, nuez pecanera y el chile verde de Hatch, especialidad de la zona.

De acuerdo con imágenes satelitales del Observatorio de la Tierra de la NASA, el embalse se encuentra en su nivel más bajo desde 1971. Una fotografía captada el 27 de julio de 2026 lo muestra al 1.4% de su capacidad, un contraste marcado frente a otra imagen del 2 de junio de 1994, cuando la presa estaba prácticamente llena. Durante la sequía de 2013, el punto más bajo del año se registró el 8 de julio, con apenas 2.9% de capacidad —cifra que, aun en ese entonces considerada crítica, duplica el nivel actual.

Entre los factores detrás de la crisis actual, la NASA señala el deshielo más temprano jamás registrado en las cabeceras del río, ubicadas en las Montañas Rocosas del sur, lo que agravó una sequía extrema que ya azotaba la región desde hace varios años.

Los niveles mínimos alcanzados este año dejaron al descubierto escombros a lo largo de la orilla y cubrieron de sedimento las rampas de embarcaciones del Parque Estatal del Lago Elephant Butte. No obstante, autoridades estatales indicaron que el embalse tocó fondo hacia finales de julio: tras suspenderse el 28 de julio las liberaciones de agua destinadas al riego agrícola, el nivel del lago comenzó a recuperarse lentamente.

Bajo la lupa de la ciencia satelital

La crisis de larga duración ha puesto en el centro del debate el futuro del agua del río Grande y sus implicaciones binacionales. Tanto en Nuevo México como en Texas, usuarios agrícolas y urbanos dependen de fuentes superficiales y subterráneas en el valle, lo que obliga a una planeación cuidadosa del almacenamiento y del reparto del recurso.

Varios proyectos respaldados por la Oficina de Acción por el Agua del Oeste (WWAO) de la NASA buscan dotar a los administradores del agua de herramientas basadas en datos satelitales. Uno de ellos incorpora variables como la humedad del suelo y la evapotranspiración para generar un modelo casi en tiempo real que complementa las operaciones del Distrito de Riego de Elephant Butte. Otro combina observaciones satelitales de los niveles de agua con datos de dron y de campo para rastrear cómo la extracción de agua subterránea afecta el caudal del río Grande, información que —según la propia WWAO— puede auxiliar en la administración de los derechos de agua. Científicos de la NASA participan además en un estudio federal sobre el Alto Río Grande orientado a proyectar la disponibilidad futura del recurso y desarrollar herramientas que atiendan sus necesidades.

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