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Mundiario 28 Aug, 2026 06:04

Más allá de la deshidratación: los 33 diagnósticos relacionados con el calor

El calor extremo ya no puede entenderse únicamente como una amenaza capaz de provocar un golpe de calor o una deshidratación. Cuando los termómetros se disparan, el organismo entero entra en una situación de estrés que puede desencadenar o empeorar problemas en órganos y sistemas muy diferentes. Un nuevo estudio realizado en Estados Unidos ha identificado 33 diagnósticos asociados a la exposición a temperaturas extremas, algunos de ellos poco relacionados, a primera vista, con el calor.

La investigación, publicada en Science Advances, ha analizado 916.904 visitas a urgencias en Chicago entre mayo y septiembre de 2011 y 2023. El resultado dibuja un escenario mucho más amplio de lo que suele reflejarse cuando se habla de los efectos sanitarios de las olas de calor: además de la deshidratación y los golpes de calor, aumentan los problemas renales, las úlceras, determinadas afecciones de la piel, las varices y los trastornos mentales y del comportamiento.

La importancia del hallazgo está precisamente en aquello que no resulta evidente. Una persona que llega a urgencias durante un episodio de calor extremo no necesariamente presenta una enfermedad que pueda etiquetarse como “relacionada con el calor”. La temperatura puede actuar como desencadenante, agravante o factor de riesgo de una patología que ya estaba presente. Por eso, limitar el impacto sanitario del calor a los cuadros más conocidos puede ofrecer una imagen incompleta del problema.

Hyojung Jang, investigadora de la Northwestern University y autora principal del trabajo, advierte de que vigilar únicamente las enfermedades clásicamente asociadas al calor puede hacer que se infravalore su verdadera carga sanitaria. Y esa infravaloración tiene consecuencias: si no se identifica a tiempo qué enfermedades empeoran con las altas temperaturas, también resulta más difícil proteger a quienes presentan una mayor vulnerabilidad.

El problema tampoco termina en las puertas de un hospital. El calor afecta al cuerpo, pero también puede alterar la conducta y la capacidad de respuesta. Daniel Horton, coautor del estudio, relaciona los episodios de temperaturas extremas con un aumento de los accidentes de tráfico. El estrés fisiológico, la irritabilidad y las distracciones pueden convertirse en una combinación peligrosa cuando millones de personas siguen haciendo su vida cotidiana bajo temperaturas excepcionalmente elevadas.

El calor pone al organismo bajo presión

Los resultados estadounidenses coinciden con investigaciones realizadas en España. Julio Díaz, codirector del Grupo de Investigación en Cambio Climático, Salud y Medio Ambiente del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), explica a El País que sus trabajos han encontrado una relación entre las altas temperaturas, la contaminación y un mayor riesgo de ingreso en personas con determinados problemas neurológicos.

La razón es especialmente relevante en pacientes con párkinson, alzhéimer o demencia: pueden tener una menor percepción de la sed y, por tanto, no reaccionar adecuadamente ante la pérdida de líquidos. El calor, en estos casos, no es simplemente una incomodidad ambiental, sino un elemento capaz de acelerar una situación de vulnerabilidad que ya existía.

Los estudios del ISCIII también han detectado efectos sobre las enfermedades respiratorias, así como sobre determinados trastornos de ansiedad, depresión y otras enfermedades mentales. Además, el calor extremo se ha relacionado con un incremento de los partos prematuros. En el caso de las patologías cardiovasculares, Julio Díaz apunta a una realidad todavía más dramática: algunos episodios pueden ser tan graves que provocan la muerte antes de que la persona llegue al hospital.

La investigación del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) añade otra pieza al puzle. Sus trabajos han señalado que los trastornos metabólicos y la obesidad se encuentran entre los grupos de enfermedades más afectados por las altas temperaturas, con un riesgo de hospitalización que llegó a casi duplicarse en los días más calurosos frente a los de temperatura óptima.

La lectura conjunta de estas investigaciones cambia la pregunta. Ya no se trata solamente de saber cuántas personas sufren un golpe de calor, sino de averiguar cuántas enfermedades empeoran cuando el termómetro permanece demasiado tiempo en niveles extremos.

Los niños, especialmente expuestos al calor húmedo

La amenaza adquiere una dimensión diferente cuando se analiza la población infantil. Otro estudio publicado en Science Advances calcula que alrededor de 560 millones de niños de entre 0 y 9 años, el 43% de los menores de esa edad en el mundo, están expuestos actualmente a al menos 30 días adicionales de estrés térmico al año debido al cambio climático.

Y no todo el calor tiene el mismo efecto. El calor húmedo resulta especialmente peligroso porque dificulta que el organismo pueda enfriarse mediante la sudoración. Los niños son particularmente vulnerables: sus cuerpos se calientan más deprisa, su capacidad para regular la temperatura es menor y dependen en buena medida de los adultos para protegerse.

Rosa Pietroiusti, investigadora de la Universidad Vrije de Bruselas y autora principal del estudio, señala que los incrementos de calor húmedo afectan de manera desproporcionada a las poblaciones jóvenes. El problema se concentra especialmente en regiones tropicales densamente pobladas, como el sur y el sudeste asiático y África occidental.

Esto significa que el cambio climático no está distribuyendo sus efectos sanitarios de manera uniforme. Quienes menos capacidad tienen para regular su temperatura pueden estar viviendo precisamente en los lugares donde el calor está aumentando con mayor intensidad.

5.030 muertes estimadas en España este verano

En España, la dimensión del problema queda reflejada en las estimaciones del Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), dependiente del Instituto de Salud Carlos III. Entre mayo y lo que va de agosto, el sistema estima 5.030 muertes atribuibles al calor. Se trata de una estimación y no de un recuento directo de fallecimientos.

La cifra coloca al calor entre los grandes riesgos sanitarios de este verano. Alemania acumula una estimación de unas 14.000 muertes y Francia ha superado las 7.000 durante sus episodios de temperaturas extremas.

Y el impacto no afecta únicamente al presente. Una investigación publicada en The Lancet Planetary Health calcula que, con un calentamiento global de 1,5 grados, unos 290 millones de personas mayores de 60 años podrían quedar expuestas a condiciones de calor peligroso durante al menos un mes al año.

La preocupación empieza incluso antes. Otro trabajo de ISGlobal ha encontrado una asociación entre la exposición a temperaturas elevadas durante el embarazo y los primeros meses de vida y un crecimiento más lento del tálamo durante la infancia, una estructura cerebral fundamental.

El mensaje que dejan todas estas investigaciones es difícil de ignorar: el calor extremo no es solo una cuestión meteorológica. Se está convirtiendo en un factor que condiciona la salud, tensiona los servicios de urgencias y amplía el número de personas vulnerables. Y cuanto más frecuentes e intensos sean estos episodios, menos sentido tendrá seguir pensando en ellos únicamente como días incómodos de verano. @mundiario

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