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Mundiario 29 Aug, 2026 04:30

La apuesta de Valdebebas llega con una previsión de 24.000 empleos y 1.288 millones al año

La transformación de los terrenos del Real Madrid en Valdebebas ya no se plantea solo como una operación urbanística. Sobre el papel, aspira a convertirse en uno de los mayores motores económicos de Madrid durante las próximas décadas. Un informe de PwC incorporado al expediente del Ayuntamiento calcula que el futuro distrito de innovación podría generar 1.288 millones de euros de actividad económica al año cuando alcance su pleno funcionamiento, una cifra que sitúa la iniciativa en el centro del debate sobre el modelo de crecimiento de la capital.

El proyecto, respaldado por el alcalde José Luis Martínez-Almeida y presentado junto al presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, pretende convertir una extensa superficie aún sin desarrollar de la ciudad deportiva en un espacio donde convivan empresas tecnológicas, centros educativos, hospitales, hoteles y oficinas. La ambición es clara: crear un polo comparable a algunos de los distritos de innovación más conocidos de Europa.

Sin embargo, según señala El País, el plan también llega acompañado de preguntas incómodas. La recalificación de cientos de miles de metros cuadrados de suelo privado, el aumento del valor de la parcela y el recuerdo de anteriores proyectos fallidos en la zona alimentan un debate que trasciende lo económico. La cuestión ya no es únicamente cuánto dinero moverá Valdebebas, sino qué tipo de ciudad quiere construir Madrid.

El informe de PwC insiste en que los 1.288 millones no representan los ingresos del propietario del suelo, sino la actividad económica que se generaría en el conjunto de la ciudad gracias a las empresas, servicios y equipamientos que ocuparían el nuevo distrito.

Una inversión multimillonaria antes de empezar

Antes de producir esos ingresos anuales, el proyecto necesitará una inversión estimada de 1.339 millones de euros para urbanizar y levantar los nuevos edificios. La fase de construcción tendría un importante impacto laboral, con casi 19.000 empleos generados durante las obras entre puestos directos, indirectos e inducidos.

El cambio urbanístico supone una modificación profunda del uso permitido en la ciudad deportiva. Donde hasta ahora predominaba el uso deportivo privado, el nuevo planeamiento abre la puerta a oficinas, hoteles, comercios, residencias de estudiantes, viviendas de flex-living, centros educativos y un hospital privado.

El Ayuntamiento defiende que este modelo responde a la necesidad de crear un espacio competitivo capaz de atraer compañías internacionales y talento especializado, siguiendo ejemplos ya consolidados en otras grandes ciudades europeas.

El empleo, uno de los grandes argumentos del proyecto

La promesa de creación de empleo constituye uno de los principales pilares del discurso institucional. Según PwC, cuando el distrito esté plenamente operativo podría sostener cerca de 24.000 puestos de trabajo, más de 11.500 de ellos directos.

Uno de los aspectos que más destaca el estudio es la naturaleza de esos empleos. Aproximadamente tres de cada cuatro estarían vinculados a sectores intensivos en conocimiento, como la investigación, la tecnología, la educación, la sanidad o los servicios profesionales.

Esa especialización es precisamente la que busca diferenciar el proyecto de un desarrollo inmobiliario convencional, presentándolo como una apuesta por actividades de mayor valor añadido para la economía madrileña.

Un modelo inspirado en Barcelona, Londres o Estocolmo

Los impulsores del proyecto insisten en que Madrid llega tarde a una tendencia que ya ha transformado otras capitales europeas. El informe de PwC menciona referencias como el distrito 22@ de Barcelona, White City en Londres o Kista Science City en Estocolmo, ejemplos donde la concentración de universidades, empresas y centros de investigación ha impulsado nuevos ecosistemas económicos.

La Fundación Cotec, cuyo informe también forma parte del expediente urbanístico, refuerza esa idea al recordar experiencias internacionales como One North en Singapur, Stanford Research Park en California o el campus tecnológico de Eindhoven.

La filosofía compartida es sencilla: reunir actividad empresarial, formación, innovación y servicios urbanos en un mismo espacio para favorecer la colaboración entre instituciones y compañías.

El recuerdo del fracaso que obliga a ser prudentes

Pero Valdebebas también tiene memoria. En 2017 se presentó el Valdebebas Fintech District, un proyecto que aspiraba igualmente a convertir la zona en un gran centro empresarial y que nunca logró despegar.

Ese precedente introduce un elemento de cautela. Parte del suelo inicialmente reservado para oficinas ha terminado destinándose a otros usos, como el flex-living, aprovechando la flexibilidad normativa existente.

Además, el nuevo distrito deberá competir con otro gigante urbanístico: Madrid Nuevo Norte, que prevé desarrollar alrededor de 1,6 millones de metros cuadrados de usos terciarios en torno a Chamartín y prolongar el eje empresarial de la Castellana.

Más que innovación: el debate sobre el modelo de ciudad

Quizá la mayor paradoja del proyecto sea precisamente su mezcla de usos. Un hospital privado, un colegio internacional, un hotel o una residencia de estudiantes no constituyen, por sí mismos, actividades tecnológicas. Sin embargo, sus defensores sostienen que esa combinación resulta imprescindible para construir un entorno atractivo para empresas y profesionales altamente cualificados.

La recalificación también tiene otra consecuencia evidente: el aumento del valor del suelo. Las estimaciones incluidas en el expediente sitúan la parcela en torno a 360 millones de euros, lo que incluso permitiría al Real Madrid optar por vender parte del terreno a promotores privados en lugar de desarrollar directamente todo el proyecto.

El desenlace todavía dependerá de la aprobación definitiva del planeamiento prevista para los próximos años. Si el calendario se cumple, la urbanización comenzaría a partir de 2028. Hasta entonces, el futuro distrito de innovación seguirá representando dos visiones enfrentadas: para unos, la oportunidad de situar a Madrid en la liga de los grandes polos tecnológicos europeos; para otros, una de las recalificaciones urbanísticas más trascendentes de los últimos tiempos. @mundiario

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