La guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá acaba de encontrar un nuevo escenario: el mapa. El presidente Donald Trump ha ordenado que el lago Ontario pase a denominarse "Lago América" en los documentos y mapas oficiales estadounidenses, y Google Maps ha adaptado su versión estadounidense a esa decisión. Canadá, sin embargo, mantiene el nombre histórico de Lago Ontario y deja claro que no reconoce la modificación.
El episodio podría parecer anecdótico si no llegara acompañado de una escalada comercial que ha llevado a Washington a imponer aranceles del 50% a determinados productos canadienses y a Ottawa a responder con medidas similares. En ese contexto, el cambio de nombre difícilmente puede interpretarse únicamente como una cuestión cartográfica.
La orden de Trump afecta al Geographic Names Information System (GNIS), el sistema federal estadounidense que establece las denominaciones utilizadas por las instituciones de Estados Unidos. Su alcance, por tanto, es administrativo y nacional: Washington puede decidir cómo denomina oficialmente el lago en sus propios documentos, pero no puede imponer esa denominación a Canadá ni al resto del mundo.
El lago continúa siendo Ontario para las autoridades canadienses, mientras que Google ha optado por mostrar "Lake America" a los usuarios estadounidenses, "Lake Ontario" a los canadienses y ambas denominaciones fuera de los dos países. La compañía sostiene que simplemente aplica su política habitual de reflejar los nombres oficiales utilizados por las autoridades de cada Estado.
Google ya había adoptado una solución semejante después de que Trump ordenara rebautizar el Golfo de México como "Golfo de América" para las instituciones estadounidenses. La diferencia es que ahora la disputa afecta a un cuerpo de agua compartido directamente por ambos países. Y eso convierte el gesto en un elemento mucho más evidente de la confrontación bilateral.
Ottawa responde con historia y propaganda
Canadá ha decidido no entrar en el terreno administrativo estadounidense, sino en el de la legitimidad histórica. El primer ministro Mark Carney recordó que el nombre Ontario procede de una palabra de origen indígena asociada a los pueblos wendat y que cuenta con más de cuatro siglos de historia. Su argumento es sencillo: el nombre es anterior tanto a la Confederación canadiense como a la independencia estadounidense.
"Nombrar la realidad significa llamarlo lago Ontario: ayer, hoy y siempre", escribió Carney. El primer ministro de Ontario, Doug Ford, ha llevado la respuesta un paso más allá. Instaló un enorme cartel junto al lago con el mensaje bilingüe "Lago Ontario: ahora y siempre" y aseguró que nadie conseguirá que los canadienses adopten la denominación estadounidense. El líder provincial aseguró ante los medios que, sin importar los dictámenes de Washington, el mundo entero seguirá utilizando la denominación histórica canadiense "ahora y siempre".
La reacción de Ford tiene además una evidente dimensión comunicativa. Ottawa y las provincias canadienses han entendido que no necesitan ganar una discusión jurídica sobre el nombre para obtener rédito político: basta con mantener visible la denominación histórica y convertir la disputa en un símbolo de resistencia frente a Washington.
Estados Unidos y Canadá atraviesan uno de sus momentos más tensos en décadas. Washington ha utilizado los aranceles como instrumento de presión para modificar las relaciones comerciales con sus socios, mientras Ottawa ha respondido con medidas de represalia.
Trump ha utilizado las redes sociales para amplificar el mensaje. Ha difundido incluso vídeos generados mediante inteligencia artificial en los que aparecen los icónicos gansos canadienses con su característico peinado patrullando el lago y otras imágenes en las que él mismo sustituye físicamente el cartel de Lago Ontario por otro de "Lago América".
No pretende realmente modificar la geografía física. Pretende dominar el relato. Ese es un elemento recurrente de la política de Trump: una decisión administrativa puede convertirse en una herramienta de comunicación política si consigue ocupar durante días el espacio informativo. El cambio de nombre genera titulares, provoca a Canadá, moviliza a sus seguidores y mantiene el conflicto comercial en el centro de la conversación pública.
Ottawa tampoco parece dispuesto a desperdiciar la oportunidad. Carney puede presentarse como defensor de la soberanía canadiense y Ford como representante de una provincia directamente afectada por la disputa. La instalación del enorme cartel tiene un valor práctico prácticamente nulo, pero un valor comunicativo considerable.
La frase "Lago Ontario: ahora y siempre" funciona como un mensaje dirigido simultáneamente a tres públicos: los canadienses, para reforzar la identidad nacional; los estadounidenses, para recordar que la denominación no es compartida; y la comunidad internacional, para subrayar que Washington está actuando unilateralmente.
Google se arrodilla, pero no todos siguen a Trump
La situación se ha vuelto todavía más significativa tras la decisión de la corporación tecnológica Google, que ha modificado oficialmente sus mapas dentro de territorio estadounidense para mostrar el término de "Lake America". No obstante, este cambio a nivel de plataforma no garantiza que los líderes estatales adopten la nueva denominación impulsada por Donald Trump.
La gobernadora demócrata de Nueva York, Kathy Hochul, ha declarado tajantemente que su estado no utilizará dicho nombre, recordando que la región comparte una extensa frontera fluvial con Canadá y mantiene un intercambio comercial valorado en miles de millones de dólares con la provincia de Ontario.
A esta oposición se ha sumado el gobernador republicano de Vermont, Phil Scott, quien rompió con la línea de su propio partido al criticar abiertamente la orden presidencial en sus redes sociales, calificándola de una medida "mezquina y decepcionante" que solo entorpece las negociaciones bilaterales.
Esto demuestra que el episodio no encaja perfectamente en una división Estados Unidos contra Canadá. También existe un debate dentro de Estados Unidos sobre hasta dónde debe llegar la política presidencial en cuestiones que afectan a la relación con un aliado tradicional.
Sin embargo, el papel de Google es especialmente interesante porque la compañía se encuentra en una posición difícil. Por un lado, afirma que no está tomando partido: simplemente refleja las fuentes gubernamentales oficiales de cada país. Por otro, el resultado práctico es que millones de usuarios estadounidenses encuentran ahora el "Lake America".
La empresa ha intentado resolver la contradicción mediante una fórmula territorial: un nombre en Estados Unidos, otro en Canadá y ambos para el resto del mundo. Desde el punto de vista técnico, es una solución coherente con la existencia de nombres diferentes según las jurisdicciones. Desde el punto de vista político, sin embargo, convierte a Google Maps en parte visible de una disputa que la compañía no ha provocado.
Además, el hecho de que Apple Maps continúe mostrando "Lake Ontario" para los usuarios estadounidenses demuestra que no existe una obligación tecnológica inevitable de adoptar la nueva denominación.
Trump ha cuestionado incluso en ocasiones la propia condición soberana de Canadá al referirse a sus dirigentes en términos propios de una relación interna estadounidense. Carney llegó al poder con un discurso centrado precisamente en responder a esa presión y reducir la vulnerabilidad canadiense frente a su vecino.
Los aranceles afectan a empresas y consumidores; las negociaciones afectan a gobiernos; los mapas y los carteles afectan a la opinión pública. Todo forma parte de la misma batalla por establecer quién marca las condiciones de la relación. @mundiario