El Deportivo acaba de cerrar uno de los mercados más ambiciosos de su historia reciente. Cerca de 26 millones de euros de inversión estimada en traspasos, a falta de conocer todos los costes de las cesiones, diez incorporaciones y nombres impropios de un recién ascendido como Aubameyang, Angeliño, Adama Traoré, José María Giménez o Marc Casadó. Una apuesta que ha sido posible gracias al enorme margen con el que el club llegó a Primera, pero que también deja compromisos para los próximos años.
Repartir el gasto no significa hacerlo desaparecer
El primero de ellos está en las amortizaciones. Pagar nueve millones por Leo Román y firmarlo hasta 2031 permite distribuir contablemente esa inversión durante cinco temporadas. En un ejemplo simplificado, son 1,8 millones por curso antes de añadir salario y otros costes. Pero precisamente ahí aparece la otra cara de la operación: el Dépor ya sabe que tendrá esa cantidad ocupando espacio durante los próximos ejercicios mientras el futbolista continúe en el club.
Y Leo Román no es una excepción. Lorenzo Amatucci, Jonathan Asp Jensen y Bright Ede tienen contrato hasta 2031, mientras que Teun Gijselhart firmó hasta 2030. La estrategia tiene lógica: son futbolistas jóvenes a los que el Deportivo espera desarrollar, disfrutar y, llegado el caso, revalorizar. Pero también supone trasladar una parte del coste de este mercado a 2027, 2028, 2029 y temporadas posteriores.
Aquí está probablemente el mayor riesgo económico real de este verano. Si Amatucci, Jensen, Ede o cualquier otro fichaje se consolida en Primera, el contrato largo será una ventaja: el Dépor tendrá controlado durante años a un activo que puede multiplicar su valor. Si alguno no funciona, la situación cambia. El club mantendrá un jugador con salario y amortización pendientes que consume Límite de Coste de Plantilla Deportiva y que puede ser difícil de vender o ceder. El problema no sería lo que costó en 2026, sino seguir pagando en 2029 por una apuesta que salió mal.
La permanencia hace sostenible el plan
Por eso hay una diferencia enorme entre no clasificarse para Europa y no mantenerse en Primera. Lo primero no supondría necesariamente ningún fracaso financiero. La planificación inicial del Deportivo ya situaba la permanencia como objetivo de la primera temporada y consideraba que la plantilla estaría entre las de menor coste de la categoría. Europa proporcionaría ingresos UEFA, mayor taquilla, premios, patrocinios y exposición comercial, pero debe entenderse como una aceleración del proyecto, no como una necesidad para cuadrar las cuentas actuales.
De hecho, simplemente mantenerse varios años en Primera ya debería mejorar progresivamente la capacidad económica del Deportivo. Parte del reparto audiovisual depende del rendimiento deportivo y de la implantación social, esta última calculada teniendo en cuenta, entre otros factores, la recaudación media de abonos y taquilla de las últimas cinco temporadas. El Dépor llega penalizado porque pasó tres de esos años fuera del fútbol profesional. Cada temporada asentado en Primera sustituirá progresivamente ese pasado reciente por ejercicios con ingresos y exposición mucho mayores.
Eso significa que un Deportivo que termine, por ejemplo, duodécimo o decimocuarto y permanezca cómodamente en Primera no habrá fracasado económicamente por quedarse fuera de Europa. Al contrario: habrá protegido los ingresos que justifican la inversión, incorporará otro año de Primera a su historial audiovisual y podrá continuar haciendo crecer su presupuesto. El rendimiento deportivo sí condicionará cuánto puede crecer, pero no necesita entrar inmediatamente en Europa para sostener lo realizado este verano.
El descenso sí cambiaría completamente el escenario
El escenario realmente peligroso sería el descenso. Los contratos no desaparecen porque el equipo baje a Segunda y tampoco desaparecen las amortizaciones pendientes. Lo que sí cae radicalmente son los ingresos ordinarios, especialmente los audiovisuales. LaLiga mantiene un fondo de compensación para clubes descendidos, financiado con una parte de los ingresos audiovisuales, precisamente para amortiguar ese golpe, pero es una ayuda transitoria y no reproduce los ingresos recurrentes de Primera. La normativa actual también regula cómo esa compensación puede computar en el LCPD durante los ejercicios posteriores.
Ahí sí podría encontrarse el Deportivo con el verdadero problema: una estructura creada para Primera financiándose con ingresos de Segunda. Si los contratos incluyeran reducciones salariales automáticas por descenso, el golpe sería menor, pero las condiciones particulares de los nuevos fichajes no son públicas y no se puede afirmar que existan esas cláusulas. Sin ellas, el club tendría que recurrir previsiblemente a ventas, cesiones o nuevas aportaciones para rebajar el coste de plantilla.
Soriano ha reducido parte del riesgo
Sin embargo, el mercado también tiene mecanismos de protección. Los contratos realmente largos se concentran fundamentalmente en jugadores jóvenes con potencial de reventa, mientras que las grandes incorporaciones veteranas tienen vínculos mucho más cortos. Aubameyang y Adama Traoré firmaron únicamente hasta 2028. Angeliño, Giménez y Casadó están cedidos hasta 2027 y sus opciones de compra no han sido anunciadas como obligatorias por el Deportivo. Si esas apuestas no funcionan o las cuentas no permiten mantenerlas, el club puede dejarlas regresar a Roma, Atlético y Barcelona sin asumir automáticamente un gran traspaso.
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— RC Deportivo (@RCDeportivo) September 1, 2026
Y esa diferencia es fundamental. El Deportivo no ha hipotecado cinco años con Giménez, Casadó, Angeliño, Aubameyang y Adama al mismo tiempo. Ha comprometido a largo plazo principalmente a jugadores de 19, 20, 21 o 22 años, precisamente aquellos que pueden conservar o aumentar su valor de mercado. El riesgo existe, porque cualquier apuesta deportiva puede salir mal, pero el diseño del mercado demuestra que el club ha tratado de concentrarlo donde también existe una posibilidad de generar patrimonio.
El problema, por tanto, no llegará si el Dépor acaba décimo, duodécimo o decimoquinto. Tampoco necesariamente si vuelve a quedarse fuera de Europa durante varios años. El proyecto necesita ante todo permanecer en Primera y que una parte importante de las apuestas jóvenes se revalorice. Si ocurren ambas cosas, los contratos largos pueden convertirse en una enorme ventaja. Si los fichajes pierden valor y, sobre todo, el equipo pierde la categoría, aquello que hoy permite repartir el coste se convertiría en una carga que seguiría apareciendo en las cuentas durante varias temporadas. @mundiario