Las palabras de Marián Mouriño no han pasado desapercibidas en A Coruña. La presidenta del Celta defendió la gestión del club vigués y recordó la distancia deportiva que, a su juicio, todavía existe entre ambas entidades. "Aún les faltan 14 años seguidos en Primera para estar luchando por los mismos objetivos" o "les llevamos 15 años de ventaja", fueron algunas de las afirmaciones que más resonaron entre el deportivismo.
Lo primero que conviene decir es que Marián Mouriño tiene motivos para sacar pecho. El Celta afrontará una nueva temporada consecutiva en Primera División, ha conseguido consolidarse en la élite del fútbol español, volverá a competir en Europa y puede presumir de una de las mejores canteras del país. Son argumentos objetivos que hablan bien del trabajo realizado por el club durante los últimos años.
Sin embargo, las palabras de la presidenta celeste abren un debate mucho más interesante: ¿qué hace realmente grande a un club de fútbol? Porque si el prestigio dependiese únicamente del presente, la historia dejaría de tener valor. Y el fútbol, precisamente, vive de su memoria.
Basta con mirar fuera de España para comprobarlo. El Nottingham Forest pasó más de dos décadas alejado de la élite del fútbol inglés y nunca dejó de ser considerado un histórico. Sus dos Copas de Europa continúan formando parte del patrimonio del fútbol europeo y siguen otorgándole un prestigio que va mucho más allá de su clasificación de cada temporada. Lo mismo ocurre con clubes como el Hamburgo, campeón de Europa en 1983, el Parma, uno de los grandes dominadores del fútbol continental durante los años noventa, o el Saint-Étienne, que durante décadas fue el club más laureado del fútbol francés. Todos atravesaron épocas muy complicadas, pero ninguno perdió el respeto que se había ganado escribiendo su historia.
El Deportivo forma parte de ese reducido grupo de equipos cuya dimensión trasciende la clasificación de una temporada. No porque lo diga su afición, sino porque lo respaldan los hechos. El conjunto coruñés es uno de los nueve únicos clubes que han conseguido proclamarse campeones de Liga en toda la historia del fútbol español, un privilegio reservado para muy pocos.
A ese campeonato liguero hay que añadir tres Copas —tras el reconocimiento oficial por parte de la Real Federación Española de Fútbol del Concurso España de 1912— y tres Supercopas de España. En total, siete títulos oficiales que sitúan al Deportivo entre los clubes más laureados del fútbol español y explican por qué continúa siendo considerado un histórico independientemente de la categoría en la que compita.
Por eso el regreso del Deportivo a Primera División ha despertado tanta expectación. No vuelve un recién ascendido cualquiera. Regresa un club que durante años fue campeón de Liga, disputó la Liga de Campeones, alcanzó unas semifinales europeas y protagonizó algunas de las páginas más importantes del fútbol español de finales de los noventa y principios de los dos mil. Esa historia no desaparece por haber atravesado una etapa complicada.
Eso no resta un solo mérito al Celta. Al contrario. El club vigués ha construido un proyecto estable, ha sabido mantenerse durante años en Primera División y ha convertido la cantera en una de sus principales señas de identidad. Tiene motivos suficientes para sentirse orgulloso de su presente, igual que el Deportivo los tiene para defender el peso de su historia.
Quizá el error sea pensar que una realidad invalida la otra. La estabilidad deportiva es un éxito que cuesta muchísimo conseguir y el Celta puede presumir de ello. Pero los títulos también forman parte del ADN de un club y son los que terminan escribiendo la historia. Son ellos los que permanecen cuando cambian los presidentes, los entrenadores o las generaciones de futbolistas.
Será el césped quien decida qué ocurre en esta nueva etapa del Deportivo en Primera División. Quizá el Celta continúe por delante, quizá el conjunto coruñés vuelva a acercarse o incluso a superarlo. Eso solo lo dirá el tiempo. Lo que parece mucho más difícil de discutir es que la grandeza de un club no se mide únicamente por los años consecutivos en la élite. Se mide por el legado que deja, por los títulos que conquista y por el recuerdo que permanece generación tras generación. Y en ese apartado, el Deportivo puede mirar muy pocos escudos por encima del suyo en el fútbol español. @mundiario