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El Diario 31 Mar, 2026 09:20

Uso de etanol y gasolina estabiliza precios en Brasil pese al shock petrolero por Irán

SAO PAULO (AP) — Mientras la guerra en Irán sacude los mercados petroleros mundiales, Brasil está parcialmente protegido por un amortiguador contra las crisis que es a la vez barato y respetuoso con el medio ambiente: decenas de millones de conductores aquí pueden elegir entre llenar el tanque con etanol 100% a base de caña de azúcar o con una mezcla de gasolina que contiene 30% de biocombustible.

La enorme flota brasileña de doble combustible —compuesta por vehículos capaces de funcionar con cualquier combinación de etanol y gasolina— es única por su escala. El programa, lanzado en 1975 durante la dictadura militar del país, ha evolucionado con éxito en tiempos democráticos para reducir la dependencia del petróleo extranjero.

Hoy, mientras el más reciente conflicto que involucra a Irán, Estados Unidos e Israel entra en su quinta semana, países como India y México observan el modelo brasileño como un plan a seguir para la seguridad energética.

Mientras los consumidores de todo el mundo enfrentan fuertes alzas de precios, los precios de la gasolina en Brasil subieron apenas 5% en marzo —en comparación con 30% en Estados Unidos. Los analistas atribuyen parte de esa estabilidad a una industria nacional de biocombustibles ya madura, que permite al país resistir sacudidas geopolíticas con un riesgo mínimo de escasez de combustible.

“Brasil está mucho mejor preparado que la mayoría de los países porque tiene una alternativa viable de esta naturaleza”, declaró Evandro Gussi, presidente de la Asociación de la Industria de la Caña de Azúcar de Brasil, UNICA.

El momento es particularmente afortunado ya que la próxima cosecha de caña de azúcar de Brasil, que comienza en la primera mitad de abril, está prevista a producir un récord de 30.000 millones de litros de etanol —4.000 millones más que el año pasado. “Ese aumento por sí solo equivale a la cantidad total de gasolina que Brasil importó durante todo el año pasado”, indicó Gussi.

A pesar de ser un importante productor y exportador de petróleo crudo, Brasil todavía depende de las importaciones para cubrir su demanda interna de combustibles refinados. Actualmente, el país obtiene petróleo de Estados Unidos, Arabia Saudí, Rusia y la vecina Guyana.

Sin embargo, el etanol se ha convertido en la columna vertebral del transporte. En 2025, el etanol representó 37.100 millones de litros en ventas, según la estatal Empresa de Investigación Energética. Aunque queda ligeramente por detrás del diésel y la gasolina en participación total de energía, su presencia en todas las gasolineras brinda a los brasileños una seguridad psicológica y económica.

Inversión en investigación

El éxito de la economía de biocombustibles de Brasil tiene sus raíces en el estado de Sao Paulo, el motor industrial y agrícola del país.

La producción aquí es una mezcla de “megagranjas” de alta tecnología orientadas a la exportación y operaciones familiares más pequeñas como la granja Bom Retiro, fundada en 1958, cuyos trabajadores ahora se preparan para cosechar sus 40 kilómetros cuadrados de tierra (casi 10.000 acres).

La tecnología brasileña en biocombustibles también se ve impulsada por años de investigación financiada por el Estado. Una de esas iniciativas se encuentra a las afueras de Sao Paulo: el Centro de Desarrollo Científico del Etanol de la universidad Unicamp, en Campinas. El coordinador Luis Cortez sostiene que el programa de Brasil tiene ventajas únicas que otros países no igualan.

“Tenemos flexibilidad en la producción de etanol, en los motores de los vehículos y desde el gobierno federal, que fija el porcentaje de etanol en la mezcla de combustible”, explicó Cortez. “Tenemos flexibilidad en tres niveles”.

En última instancia, argumenta, esa inversión en investigación termina marcando la diferencia en las gasolineras.

El problema del diésel

Según la Asociación Brasileña de Importadores de Combustibles, la gasolina refinada por la estatal Petrobras —que incluye una mezcla con biocombustible— actualmente es 46% más barata que el combustible importado, o 1,16 reales brasileños (0,22 dólares) menos por litro. De manera similar, el diésel de Petrobras se vende en refinerías con un precio 63% por debajo de los niveles de importación.

Aunque el cierre del estrecho de Ormuz aún no ha provocado cambios drásticos en el mercado de gasolina de Brasil, el país está lidiando con el aumento de los precios del diésel. Esto se debe a que el diésel se elabora principalmente con crudo importado y tiene un porcentaje menor de biocombustibles.

A diferencia del éxito del etanol de caña de azúcar, el biodiésel de Brasil, que se produce mayormente a partir de soja, solo representa 14% de la mezcla de diésel. Esa cifra podría subir al mismo 30% que se usa en las mezclas de gasolina recién para 2030, si la investigación y los avances tecnológicos lo permiten, lo que significa que el conflicto ha tenido un impacto inmediato.

Los precios del diésel en Brasil se dispararon más de 20% en marzo, lo que llevó al presidente Luiz Inácio Lula da Silva a proponer subsidios a las importaciones hasta mayo. Estimaciones del gobierno muestran que el país tiene que comprar entre 20% y 30% de su diésel cada mes, y la mayor parte proviene de Rusia.

Las autoridades brasileñas indican que el país importó casi 17.000 millones de litros de diésel el año pasado.

Para Lula, que busca la reelección en octubre, estabilizar los precios del diésel es crucial para evitar huelgas de camioneros y mantener a raya la inflación de los alimentos.

Gussi, presidente de UNICA, comentó que desde la más reciente guerra en Irán varios jefes de Estado se le han acercado para hablar sobre la industria de biocombustibles de Brasil. Entre ellos está la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien dijo a principios de este mes que le interesa la tecnología de Petrobras para producir etanol a partir de agave, una planta muy popular en su país.

“La mejor noticia, incluso en medio de una situación como la que estamos viviendo, es que esta solución tiene un nivel significativo de replicabilidad”, señaló Gussi.

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