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El Diario 02 Apr, 2026 17:35

Predicar con el ejemplo

En Ciudad Juárez estamos acostumbrados a escuchar discursos: que hay que mejorar la ciudad, que necesitamos más valores, que el cambio viene pronto; pero la verdad es que mucha gente ya no cree en eso, porque una cosa es lo que se dice y otra muy distinta lo que se hace.

Aquí es donde entra algo muy sencillo, pero muy poderoso: predicar con el ejemplo. En Juárez no hace falta que alguien venga a darnos grandes lecciones; lo que hace falta es coherencia, que lo que decimos vaya de la mano con lo que hacemos todos los días. Porque, al final, la ciudad no la construyen los discursos, la construimos nosotros con nuestras acciones, por pequeñas que parezcan.

Pensemos en lo que vivimos diariamente: el típico que se pasa el alto, el que tira basura en la calle, el que se mete en la fila porque “trae prisa”. Son cosas que vemos todos los días y que ya hasta se nos hacen normales, pero justo ahí está el problema: cuando comenzamos a normalizar lo que está mal, la ciudad se va deteriorando poco a poco. Y no se trata de señalar a otros, sino de voltear a vernos a nosotros mismos. Es muy fácil quejarse del gobierno, de la inseguridad o de cómo está Juárez, pero es más difícil preguntarnos: ¿yo qué estoy haciendo para mejorar o empeorar las cosas?

Predicar con el ejemplo es eso: hacer lo correcto incluso cuando nadie te está viendo, no porque te vayan a aplaudir, sino porque sabes que es lo que se debe hacer. También hay que hablar del gobierno, pues a ellos les toca una responsabilidad todavía mayor; cuando un funcionario actúa mal, el mensaje que manda es muy fuerte: que no pasa nada, que las reglas se pueden romper. Pero cuando alguien en el gobierno hace bien su trabajo, también se ve y genera algo que en Juárez hace mucha falta: confianza.

El problema es que muchas veces esperamos que el cambio venga de arriba, cuando en realidad empieza desde lo más básico: desde respetar las reglas, desde tratar bien a los demás, desde hacer bien nuestro trabajo. Suena simple, pero no siempre lo es.

Juárez es una ciudad fuerte, eso ya lo ha demostrado muchas veces. Hemos pasado por momentos muy complicados y, aun así, la gente sigue adelante; pero si queremos que las cosas realmente cambien, necesitamos algo más que aguantar: necesitamos actuar diferente.

Predicar con el ejemplo no es algo que se logre de un día para otro. Es algo de todos los días: es decidir hacer lo correcto, aunque sea más incómodo, aunque nadie te obligue, aunque parezca que no hace diferencia; pero sí la hace. Al final, la ciudad que tenemos es el reflejo de lo que somos como ciudadanos. Y si queremos un mejor Juárez, no basta con decirlo: hay que demostrarlo, porque el verdadero cambio no empieza en los discursos o en las promesas baratas, empieza en lo que haces cuando nadie te está viendo.

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