La intervención de Christine Lagarde en la Fête de la Pomme, celebrada este 12 de septiembre en Épreville-en-Lieuvin (Normandía), tenía una evidente lectura política porque el acto de Hervé Morin funciona como rentrée política de su movimiento. Pero Lagarde aprovechó precisamente la ocasión para enfriar –aunque no cerrar de manera absolutamente matemática las especulaciones sobre una candidatura presidencial francesa en 2027.
Su discurso oficial se tituló L’Europe vue depuis la Normandie. Partió de sus raíces normandas para defender que no existe contradicción entre sentirse normanda, francesa y europea. A partir de ahí hizo una defensa política de la integración europea: sostuvo que Europa permite preservar la identidad y los activos de sus regiones al mismo tiempo que les proporciona escala para competir, y presentó Normandía como ejemplo de lo que la UE puede aportar a los territorios.
Christine Lagarde en la Fête de la Pomme. / YouTube
La frase políticamente más importante, sin embargo, la pronunció en una entrevista vinculada a su presencia en la fiesta. Explicó que acudía "como amiga, vecina y normanda" y "sin ser candidata a nada", con el propósito de aportar una voz europea y explicar mejor a los franceses el papel de Europa.
Y hay algo todavía más significativo. Preguntada directamente por la presidencial de 2027 y por quienes la consideran una buena candidata, respondió que el elogio le halagaba, "pero no lo creo". Sobre su futuro en el BCE fue deliberadamente menos precisa: su mandato termina en octubre de 2027, pero contestó únicamente: "Me iré en 2027. No diré más". Y cuando le preguntaron si contemplaba regresar posteriormente a la política nacional, respondió que no y recordó que pronto cumplirá 71 años: "Hay que saber parar".
Esto último es interesante porque supone una evolución respecto de sus declaraciones de julio. En una entrevista con Les Échos, al plantearle incluso la posibilidad de implicarse personalmente en la campaña presidencial, bromeó inicialmente con que se lo pensaría antes de precisar que "no estaba de actualidad". Sí dejó claro que consideraba necesario que una voz fuertemente europeísta participase en el debate presidencial francés si se cuestionaba el anclaje europeo del país.
Entonces, ¿Lagarde se presenta en 2027? A día de hoy, parece que no. No existe anuncio de candidatura y sus declaraciones más recientes apuntan precisamente en sentido contrario. La Fête de la Pomme podía haber sido el escenario perfecto para lanzar un globo sonda presidencial; en cambio, Lagarde dijo expresamente que no era candidata a nada y posteriormente rechazó la idea de volver a la política nacional.
Pero queda una pequeña puerta política entreabierta: se niega a precisar cuándo abandonará el BCE en 2027, pese a que formalmente su mandato concluye en octubre. Ese detalle explica que en Francia continúen las especulaciones. Antes de la Fête de la Pomme, RTL ya señalaba que la cuestión decisiva era precisamente si Lagarde llegaría hasta octubre o abandonaría Fráncfort a comienzos de 2027, a tiempo de entrar en campaña. El ángulo más sólido y atractivo sería otro: Christine Lagarde enfría su candidatura para 2027, pero entra de lleno en el debate sobre el futuro de Francia. Porque eso sí parece claro: quizá no quiera ser candidata, pero pretende que Europa sea uno de los grandes asuntos de las presidenciales francesas de 2027 y quiere tener voz en ese debate.
Entre tanto, la campaña electoral de Francia está tomando impulso a menos de ocho meses antes de la primera vuelta. Marina Le Pen mantiene actualmente una sólida ventaja en las encuestas, con el voto centrista dividido entre varios candidatos. El líder de la extrema izquierda, Jean-Luc Mélenchon, también ha captado la atención con propuestas para cancelar los bonos del gobierno francés en manos del BCE y el Banco de Francia. Lagarde señaló esta semana que tal medida sería legalmente imposible y financieramente peligrosa. A su vez, los políticos centristas están impulsando unas primarias para reducir el número de candidatos moderados, entre ellos los exprimer ministros Edouard Philippe y Gabriel Attal, ante el temor de que un campo fragmentado pueda beneficiar a Le Pen y a Mélenchon. @mundiario