Lo que de otro modo sería un desabrido amistoso contra Benín, una nación del África occidental, se ha convertido en el momento que este país enloquecido por el futbol ha temido durante mucho tiempo.
La Asociación del Futbol Argentino ha convertido el partido del martes —el 208 de Messi— en un homenaje nacional bautizado como "El Último tango".
Unos 85 mil boletos para el estadio más grande de Buenos Aires se agotaron en 90 minutos, y los integrantes del plantel campeón del Mundial 2022 de Argentina y sus familias fueron invitados a regresar para sumarse al tributo.
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"Se siente como si una era estuviera terminando, sabiendo que ya no jugará para la Selección", comentó Valentino Ruso, de 17 años, mientras pasaba el rato con amigos en un parque de Buenos Aires.
"Estoy triste. Creo que hoy todo el mundo está afectado. Se le echará de menos".
Los argentinos han tenido una relación intensa, a menudo implacable, con el chico tímido que dejó su ciudad natal de Rosario a los 13 años para incorporarse a la academia del Barcelona de España.
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"Los argentinos suelen decir: 'Gracias a Dios nací en una época en la que pude vivir el milagro de ver jugar a Messi'.
Es difícil vivir en Argentina. El fútbol suele ser una de las pocas cosas que te ofrecen un respiro, una alegría", señaló Andrés Rabinovich, investigador de la Universidad de Chicago que ha estudiado el papel del futbol en la cultura argentina.
Rodrigo De Paul, compañero de club y Selección, le dedicó una publicación en Instagram.
"No sé si existe una historia de amor tan grande entre un jugador y un país como la que vos construiste".