Historia 126
Esta es la historia 126 de 450 que te contaremos sobre León
El 6 de noviembre de 1995, el Cereso de León, ubicado rumbo a Cuerámaro, se convirtió en escenario de uno de los episodios más violentos en la historia reciente de la ciudad: un motín de casi 22 horas que dejó dos muertos, decenas de rehenes, un penal tomado por los internos y una fuga que terminó a balazos sobre la carretera.
La sublevación comenzó alrededor de las 4:00 de la tarde del lunes 6 de noviembre, cuando un grupo de reos sometió a custodios, se apoderó del penal y tomó como rehenes a cerca de 50 personas, entre ellas custodios, personal del centro penitenciario y al director Juan Pablo Vázquez Sotelo.
Desde las primeras horas, los internos tomaron un arsenal que les permitió resistir durante toda la noche. De acuerdo con la información posterior, se hicieron de armas largas, subametralladoras, escopetas, Uzis y miles de cartuchos. En medio del caos, una joven de apenas 16 años, Norma Gisela Cruz Alba, que realizaba su servicio social en el penal, murió al recibir un disparo en la cabeza durante los primeros tiroteos.
El penal bajo control de los reos
El cabecilla del motín fue José Luis Mendoza Martínez, alias “El Militar”, quien, al concluir el conflicto, murió en el intento de fuga. El reo esperaba sentencia por haber asesinado a su exesposa. Según versiones de algunos recapturados, varios internos se sumaron al plan porque querían escapar de condenas largas. Incluso se mencionó que algunos custodios ya habían sido “arreglados” previamente.
Durante la noche del lunes, el penal quedó bajo control de los amotinados. Los reos quemaron expedientes, se drogaron con agua de celeste que había en los talleres y dispararon a placer dentro del reclusorio.
A punta de balazos evitaron intentos de rescate, en especial en la zona de la torre 6.
Afuera, el ambiente era de zozobra. Comenzaron a llegar agentes del Ministerio Público, policías judiciales, fuerzas estatales, federales y militares vestidos de civil. La tensión creció con el paso de las horas.
Las exigencias: un camión blindado y un helicóptero
Los internos hicieron llegar sus demandas a través del director del Cereso, Juan Pablo Vázquez Sotelo, a quien utilizaron como conducto en las negociaciones.
Querían dos cosas: una camioneta blindada del Servicio Panamericano y un helicóptero con piloto para huir. El helicóptero nunca se les concedió.
Entre los funcionarios que participaron en las negociaciones estuvieron Antonio Obregón Padilla, subsecretario de Gobierno; Sebastián Barra Acosta, director estatal de Ceresos, y Rafael Hernández Ortiz, procurador estatal de Derechos Humanos.
Los reos fueron tajantes: si no se cumplían sus demandas, comenzarían a matar rehenes. La mayoría de ellos eran custodios, además del jefe del penal. En medio de la tensión, una de las primeras señales de aparente buena voluntad fue la liberación de Nora Karen García. También se supo entonces que había dos personas lesionadas: una por bala y otra por vidrios.
El gobierno apostó a una estrategia de desgaste: alargar el tiempo, contener la salida y preparar una respuesta afuera del penal.
Trescientos cincuenta agentes participaron en el operativo de captura. Foto: Archivo AM
La fuga que duró poco
Después de más de 15 horas de crisis, los internos decidieron jugarse todo. A las 12:58 del mediodía del martes tomaron la decisión de escapar.
Abordaron el camión blindado del Servicio Panamericano y salieron a toda velocidad del Cereso con cinco rehenes, entre ellos el director Juan Pablo Vázquez Sotelo, quien incluso se ofreció, sin éxito, para ser el único rehén.
“Ya prendieron el camión. Ya se subieron. ¡Ahí vienen!”, alertó un policía cuando el blindado rompió el cerco de patrullas y enfiló rumbo a Cuerámaro.
Más de 350 elementos policiacos participaron en el operativo de persecución. Intervinieron corporaciones municipales, estatales, judiciales, federales y la PGR, además de tres helicópteros de la Policía Federal de Caminos.
Todos los que intentaron fugarse fueron capturados. Foto: Archivo AM
La emboscada en la carretera
El camión intentó alcanzar la autopista León–Lagos–Aguascalientes, pero a unos cinco kilómetros del penal, cerca de la carretera a Santa Rosa y de la maxipista, los agentes tendieron una emboscada.
Una tabla con clavos fue arrojada al pavimento. Las llantas del blindado se poncharon y la unidad siguió avanzando lentamente, prácticamente sobre los rines. Ahí terminó la aventura de los amotinados.
Los policías judiciales y federales abrieron fuego. El camión recibió más de 300 disparos.
En medio del ataque, Juan Pablo Vázquez Sotelo logró saltar del vehículo y ponerse a salvo.
Los internos, todavía armados y con miles de cartuchos, intentaron seguir peleando o escapar entre los matorrales.
Se habló de varios enfrentamientos en distintos puntos de la persecución, incluidos Huizachera, Santa Rosa–Plan de Ayala, Los Ramírez y Jesús del Monte. Habitantes de la zona vivieron momentos de terror.
En ese último intento de huida murió José Luis Mendoza Martínez, abatido de un balazo en la cabeza cuando intentaba escapar.
El supuesto cabecilla de la fuga fue muerto de un tiro en la cabeza. Foto: Archivo AM
El saldo
Al final, 24 de los 25 internos que huyeron fueron recapturados, mientras persistió la versión de que al menos cinco habrían logrado escapar en algún momento de la refriega.
Las corporaciones reportaron capturas hechas por la Policía Municipal, la Policía Judicial y la Policía Federal. También hubo lesionados trasladados al Hospital General.
El recuento de daños incluyó afectaciones en el área de seguridad, recepción, comandancia, la bodega de armas –que fue saqueada–, la bodega de granos, la torre principal y el juzgado sexto, donde los reos quemaron archivos y expedientes.
El saldo final fue devastador: dos muertos, entre ellos la joven Norma Gisela Cruz Alba y el líder del motín; varios lesionados, decenas de rehenes liberados y una ciudad entera pendiente durante casi un día completo del desenlace.
Cuando todo terminó, los policías celebraron junto al camión blindado perforado por las balas, como si hubieran ganado una batalla.
DAR
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