El conflicto de Ricardo Salinas Pliego con el gobierno de la 4T no terminó con el cobro de 35 mil millones de pesos que le impuso el SAT. El empresario dijo que, al principio del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, había pactado pagar 7 mil millones. Luego hubo un distanciamiento por diferencia de ideas y le multiplicaron la suma. Desde ese momento comenzó una lucha frontal contra el régimen.
Ahora somos testigos de algo que nunca habíamos visto: una concesión de televisión abierta, en posición contestataria frente a Palacio. Durante tres décadas, TV Azteca mantuvo una postura neutral ante el poder, tanto del gobierno federal como de los estados. Sus noticieros nunca pudieron competir en audiencia con los de Televisa, pero ahora las cosas pueden cambiar.
TV Azteca está en concurso mercantil y tendrá que negociar con sus acreedores una reestructuración de sus deudas. Es un procedimiento que la ley contempla para proteger a las empresas y a sus empleados frente a la insuficiencia de ingresos. El proceso puede tardar en resolverse. Para la televisora se complican las cosas porque cualquier anunciante comercial podría generar disgusto en la 4T. Salinas Pliego tendrá que sostener la marcha de su empresa con sus propios recursos, que, por cierto, son muy amplios. Aun con los pagos que debe realizar al SAT, Banco Azteca, Total Play y Elektra son muy buenas empresas que apoyarán a la televisora.
La audacia de Salinas Pliego en su lucha ideológica contra el gobierno puede tener consecuencias inesperadas. El Banco Azteca es una concesión gubernamental. Quien fuera jefe de difusión de AMLO, Jesús Ramírez, tuvo un pleito sórdido con Salinas al sembrar la idea de que el Banco Azteca estaba muy mal. Una corrida bancaria puede destruir a cualquier intermediario. No fue el caso porque Banco Azteca es un buen negocio y está sólido. Ahora, como “jefe de asesores” de la presidenta Claudia Sheinbaum, podría influir en la respuesta a lo que ellos consideran ataques del empresario.
Mientras eso sucede, Salinas Pliego comprende su postura y arriesga. Mide su poder frente a lo que él denomina un gobierno autocrático. Publica todo lo que es conflicto para el gobierno: el derrame petrolero en el Golfo, la impunidad de Adán Augusto López y de lo que llama “Grupo Tabasco”. Insiste en temas como el huachicol fiscal y los negocios de “El Clan”, título que dio el periodista Ramón Alberto Garza al grupo de amigos y presuntos asociados del hijo del expresidente, Andy López Beltrán.
Salinas Pliego puede perder negocios y dinero, pero, como él lo dice, su futuro económico está asegurado. Además, tiene la oportunidad de encabezar algún movimiento político con miras al 2030. De ser un empresario de gran envergadura, se convierte en un adversario político muy incómodo para la 4T.
Podemos estar de acuerdo o no con las ideas de Salinas Pliego; podemos criticar su estilo enjundioso y, en ocasiones, poco elegante, pero no podemos minimizar su contribución al debate nacional. Surge una paradoja: si logra seguir combativo y mantiene su libertad de expresión, si no lo despojan de su televisora o de su banco, el régimen podrá decir que no hay tal autoritarismo; si lo persiguen, le darán la razón. Lo mejor será que no lo repriman, que México sea un país donde la libertad de expresión sea la piedra de toque de todas nuestras libertades. Habrá que ver.