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Mundiario 30 Sep, 2026 05:34 (7 min de lectura)
Riesgo / Alerta

El mapa invisible de la contaminación: cómo el ozono, el polvo y el humo cruzan fronteras

Por María P. Martínez En Mundo España
El mapa invisible de la contaminación: cómo el ozono, el polvo y el humo cruzan fronteras
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• El 40% de la población mundial estuvo expuesta a niveles extremos de ozono en los primeros ocho meses de 2026.
• La contaminación cruza fronteras debido al viento y las condiciones climáticas como olas de calor.

La contaminación atmosférica tiene una característica que complica cualquier intento de contenerla: no permanece necesariamente allí donde se genera. Una carretera, una industria, una ola de calor, un incendio forestal o una tormenta de polvo pueden desencadenar emisiones que terminan afectando a poblaciones situadas a cientos o incluso miles de kilómetros. El aire convierte así un problema local en un fenómeno regional y, en determinados episodios, incluso intercontinental.

El fenómeno ha quedado especialmente visible durante 2026. En España, el humo de grandes incendios ha deteriorado la calidad del aire en zonas alejadas de los focos, mientras que los episodios de polvo procedente del Sahara han alcanzado numerosas ciudades europeas. Al mismo tiempo, las altas temperaturas y la radiación solar han favorecido la formación de ozono troposférico, uno de los contaminantes más difíciles de combatir precisamente por su capacidad para desplazarse.

El análisis Atmosphere Watch, elaborado por el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS), pone cifras a esta dimensión global de la contaminación. Según sus datos correspondientes a los ocho primeros meses de 2026, el 40% de la población mundial estuvo expuesta a niveles extremadamente altos de ozono. Asia concentró la situación más grave, mientras que Europa también registró numerosos episodios asociados a las olas de calor del verano.

La Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) advierte de que la calidad del aire de una ciudad no depende únicamente de lo que ocurre dentro de sus límites. Ian Marnane, jefe de la Unidad de Medio Ambiente y Salud de la organización, señala que las concentraciones de contaminantes pueden verse condicionadas por emisiones procedentes de países vecinos o de regiones mucho más lejanas.

El ozono convierte el calor en un problema que viaja

El ozono troposférico tiene una particularidad que lo diferencia de otros contaminantes: no se emite directamente a la atmósfera en grandes cantidades, sino que se forma mediante reacciones químicas entre distintos precursores. La combinación de temperaturas elevadas, radiación solar y sustancias procedentes del tráfico, la industria y otras actividades genera las condiciones necesarias para que aumenten sus concentraciones.

Aquí aparece una de las paradojas señaladas por Laurence Rouil, directora del CAMS. Europa ha reducido desde 2005 las emisiones de varios de los compuestos que intervienen en la formación del ozono y, pese a ello, este contaminante no ha desaparecido. Su comportamiento atmosférico explica parte de la dificultad: tanto sus precursores como el propio ozono pueden desplazarse grandes distancias.

El sur de Europa se encuentra especialmente expuesto. Italia, España y Grecia aparecen entre los países más afectados durante 2026, con especial incidencia en el Mediterráneo español y el valle del Guadalquivir. Rouil relaciona esta situación con unas condiciones especialmente favorables para la formación de ozono: más radiación solar y temperaturas elevadas.

El problema adquiere una dimensión mayor cuando las olas de calor se prolongan. El calor no solo incrementa directamente el riesgo para la población, sino que puede favorecer simultáneamente la acumulación de determinados contaminantes. En un escenario de temperaturas cada vez más elevadas, la calidad del aire y el cambio climático terminan entrelazándose.

El humo de un incendio puede convertirse en un problema continental

Los incendios forestales representan otro ejemplo evidente de contaminación sin fronteras. Las llamas liberan partículas finas, óxidos de nitrógeno, compuestos orgánicos volátiles y gases de efecto invernadero. Una vez en la atmósfera, parte de esas sustancias puede ser transportada por las corrientes de aire muy lejos del lugar donde comenzó el fuego.

CAMS destaca varios episodios registrados en Europa durante 2026. Francia, España y Bélgica aparecen entre los países afectados por grandes incendios. En Francia, los fuegos registrados en Gironda y Las Landas durante julio provocaron impactos sobre la calidad del aire a cientos de kilómetros. En España, los incendios de Ávila y Madrid generaron también importantes emisiones y episodios de humo.

La consecuencia es una transformación significativa del riesgo: un incendio deja de ser exclusivamente una emergencia localizada y puede convertirse en un episodio de contaminación que afecta a territorios que no están directamente amenazados por las llamas.

El humo, además, puede recorrer distancias enormes. CAMS señala que el transporte de contaminantes procedentes de incendios puede alcanzar otros países e incluso atravesar océanos. Norteamérica y Europa, por ejemplo, están conectadas por estas rutas atmosféricas, que permiten que determinadas emisiones sean detectadas a miles de kilómetros de su origen.

El Sahara también tiene una ruta hacia las ciudades europeas

El tercer gran viajero atmosférico analizado por CAMS es el polvo mineral. Cada año, alrededor de 2.000 millones de toneladas de arena y polvo llegan a la atmósfera. Una parte procede del gran cinturón de regiones áridas que atraviesa el planeta y que incluye el Sahara, la península arábiga y los desiertos de Asia.

Para Europa, el Sahara desempeña un papel especialmente relevante. Las masas de aire pueden transportar partículas hacia el Mediterráneo y posteriormente alcanzar distintos puntos del continente. En determinadas situaciones, el polvo también cruza el Atlántico y llega hasta el Caribe.

Este fenómeno tiene además una dimensión muy visible. El polvo sahariano puede teñir el cielo, reducir la visibilidad y depositarse sobre vehículos y superficies, pero su importancia no se limita a lo que se puede observar. Las partículas PM10 asociadas a estos episodios deterioran la calidad del aire y pueden tener consecuencias sobre la salud.

El impacto ha sido particularmente evidente en España. El listado de CAMS de ciudades europeas de más de 250.000 habitantes con más alertas por polvo durante 2026 incluye 12 ciudades españolas entre las 20 primeras. Las Palmas encabeza la relación con 20 días, seguida de Santa Cruz de Tenerife, con 18. Córdoba registró 17; Palma de Mallorca y Sevilla, 15 cada una; y Málaga y Murcia, 14.

La contaminación obliga a pensar más allá de las fronteras

Estos episodios muestran por qué la calidad del aire no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de cada ciudad o país. Las políticas locales pueden reducir emisiones, pero su efecto sobre las concentraciones atmosféricas depende también de lo que ocurre fuera de sus fronteras y de las condiciones meteorológicas.

La paradoja es especialmente evidente en el caso del ozono: reducir los contaminantes precursores sigue siendo una medida fundamental, pero la disminución de las emisiones no siempre se traduce de forma inmediata o proporcional en una menor concentración de ozono en un territorio concreto.

El informe de CAMS dibuja, por tanto, un mapa de la contaminación mucho más complejo que el de los focos emisores. Hay carreteras e industrias, pero también corrientes de aire; hay incendios, pero también rutas atmosféricas; hay desiertos, pero también corredores meteorológicos capaces de transportar sus partículas hasta otros continentes.

En 2026, solo el 5% de la población mundial estuvo expuesta a niveles de ozono considerados buenos a largo plazo, según el análisis de CAMS. El dato refleja hasta qué punto la contaminación atmosférica es un fenómeno que trasciende las fronteras administrativas y obliga a abordar el aire como un sistema compartido.

El desafío, por tanto, no consiste únicamente en saber dónde se produce la contaminación, sino también en entender hacia dónde viaja, qué condiciones permiten que se acumule y quién termina respirándola. El aire no reconoce las fronteras dibujadas en los mapas y, en ocasiones, una emisión producida a cientos o miles de kilómetros puede terminar condicionando la calidad del aire de una ciudad. @mundiario

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