La política internacional suele moverse en márgenes estrechos, pero pocas decisiones ilustran mejor esa lógica que la adoptada por Donald Trump apenas hora y media antes de expirar su ultimátum para que “una civilización entera morirá esta noche”. Tras días de amenazas maximalistas, incluyendo advertencias sobre la posible destrucción masiva de infraestructuras civiles como puentes y centrales eléctricas, el presidente estadounidense optó por aceptar una propuesta de mediación impulsada por Pakistán.
“Basado en conversaciones con el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, y el jefe del Estado Mayor, Asim Munir, y dado que pidieron que retuviera la fuerza destructiva que se iba a enviar a Irán esta noche, y sujeto a que la República Islámica dé su visto bueno a la apertura completa, inmediata y segura del estrecho de Ormuz, estoy de acuerdo en suspender el bombardeo y ataque contra Irán durante un periodo de dos semanas”, escribió el presidente de EE UU en su cuenta en la red social Truth.
La fórmula diplomática se basa en la suspensión de bombardeos durante dos semanas a cambio de que Irán garantice la apertura “completa, inmediata y segura” del estrecho de Ormuz, un paso clave por el que transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial. El resultado del principio de acuerdo es un alto el fuego condicionado —más táctico que estructural— que refleja un equilibrio precario, ya que ninguna de las partes renuncia a sus posiciones, pero ambas aceptan ganar tiempo.
El primer ministro paquistaní había pedido explícitamente, horas antes de que venciera el plazo a las 20.00 horas en la Costa Este de EE UU (02.00 horas en la Península), una prórroga de dos semanas para dar oxígeno a la vía diplomática. Islamabad, quien desde las últimas semanas ejerce como el principal mediador entre Washington y Teherán, solicitó “encarecidamente” a Trump que concediera el alto el fuego dado que las negociaciones “avanzan de forma constante, firme y decidida, con posibilidades de dar lugar a resultados sustanciales en un futuro próximo”.
A cambio, dijo Sharif, los “hermanos iraníes” cederían su as bajo la manga al permitir el paso por el estrecho de Ormuz, “durante ese mismo período de dos semanas, como gesto de buena voluntad”. La mediación paquistaní, además, permitiría estabilizar los flujos energéticos globales, evitar una escalada militar directa en la región y preservar los canales de negociación aún abiertos.
Dos semanas decisivas: ¿pausa o punto de inflexión?
Pese a que el mandatario estadounidense ha dado su visto bueno, en su mensaje en Truth supeditó el alto el fuego a que Irán se comprometa a “la apertura completa, inmediata y segura del estrecho de Ormuz”. “¡Se tratará de un alto el fuego recíproco! La razón para hacerlo es que ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares, y estamos muy avanzados en un acuerdo definitivo sobre la paz a largo plazo con Irán y la paz en Oriente Próximo”, esgrimió Trump.
“Hemos recibido una propuesta de 10 puntos de Irán y creemos que es una base viable sobre la que negociar. Casi todos los puntos de discordia del pasado han sido acordados entre Estados Unidos e Irán, pero un periodo de dos semanas permitirá que el acuerdo se ultime y se consuma. En nombre de los Estados Unidos de América, como presidente, y también en representación de los países de Oriente Próximo, es un honor que este problema de larga data esté a punto de resolverse. ¡Gracias por su atención a este asunto!”, dijo el republicano.
En los últimos días, el estrecho de Ormuz ha pasado a ser considerado como el verdadero eje del conflicto. Después de que Washington afirmara haber satisfecho varios de sus objetivos operativos en esta campaña, como la neutralización del programa nuclear iraní o de las capacidades de la República Islámica para crear misiles y drones, ahora lo que está en juego es el control, o al menos estabilidad, de una de las principales arterias energéticas del mundo.
La exigencia de su reapertura inmediata implica además la prioridad de evitar un shock energético internacional, la presión de mercados y aliados sobre Washington y la centralidad de la logística marítima en la seguridad global. Eso sin mencionar que es un asunto crítico para las petromonarquías del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), estrechos aliados de Washington, que se han llevado la peor parte del conflicto por el cierre de su principal salida de exportaciones y por recibir los ataques de represalia de Irán sobre sus infraestructuras civiles y energéticas. @mundiario