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Mundiario 07 Apr, 2026 17:49

China y Rusia vetan la reapertura de Ormuz: respaldo a Irán y choque frontal en la ONU

La decisión de Rusia y China de bloquear en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución destinada a reabrir el estrecho de Ormuz marca un punto de inflexión en la dimensión internacional del conflicto. Más allá de la votación —con 11 países a favor, dos en contra y dos abstenciones—, el episodio revela una alineación estratégica cada vez más explícita en torno a Irán, en un contexto donde la guerra ha transformado un paso marítimo clave en un instrumento de presión geopolítica.

El estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de la crisis. Su bloqueo parcial por parte de Teherán desde el inicio del conflicto ha tensionado los mercados energéticos y elevado el riesgo sistémico.

La resolución vetada buscaba, en su versión final, coordinar esfuerzos internacionales para garantizar la seguridad de la navegación, incluyendo escoltas defensivas a buques comerciales y medidas para disuadir interferencias. Sin embargo, incluso ese texto, notablemente suavizado respecto a versiones previas, fue considerado inaceptable por Moscú y Pekín.

El argumento central de Rusia y China no se limitó a cuestiones técnicas del texto, sino que apuntó directamente al contexto estratégico. Ambos países sostuvieron que la resolución no abordaba “las causas de fondo” del conflicto y que, en la práctica, podía legitimar una escalada militar liderada por Estados Unidos e Israel.

El embajador ruso ante la ONU, Vassily Nebenzia, afirmó que la propuesta otorgaría “carta blanca para continuar la agresión”, mientras que su homólogo chino, Fu Cong, advirtió de que el texto era “altamente susceptible a una mala interpretación o incluso a abusos”. En esa línea, Pekín alertó de que su aprobación habría enviado “un mensaje equivocado” con “consecuencias graves, muy graves”.

Estas declaraciones reflejan una lectura compartida: la resolución no era percibida como un mecanismo neutral de seguridad marítima, sino como un instrumento potencialmente alineado con los intereses occidentales en el conflicto. El veto, por tanto, no solo bloquea una iniciativa concreta, sino que redefine el margen de acción de la ONU en este escenario.

El respaldo a Teherán

Desde la perspectiva iraní, el resultado fue interpretado como una victoria diplomática. Su embajador ante la ONU defendió que las acciones en Ormuz son “medidas legales” en el marco del “derecho inherente de legítima defensa”, rechazando que constituyan una amenaza a la paz internacional.

Este respaldo implícito de Rusia y China refuerza la posición de Teherán en dos niveles. Por un lado, le proporciona cobertura política en el principal órgano de seguridad internacional. Por otro, consolida un eje de poder alternativo que cuestiona la narrativa occidental sobre la libertad de navegación y la seguridad energética.

El contexto inmediato también influye: el veto se produjo pocas horas después de nuevas amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, quien advirtió sobre una posible destrucción masiva de infraestructuras iraníes si no se reabría el estrecho.

Uno de los elementos más significativos del proceso es cómo el texto original fue progresivamente rebajado para intentar evitar el veto. La propuesta inicial contemplaba el uso de “todos los medios necesarios”, una fórmula habitual en la ONU que puede incluir intervención militar. Esa cláusula fue eliminada, sustituyéndose por referencias a medidas “defensivas”.

Posteriormente, incluso se retiró cualquier mención a la autorización formal del Consejo de Seguridad, limitando el alcance del texto a una exhortación a la cooperación internacional. Aun así, no fue suficiente para lograr el consenso.

UN Security Council fails to adopt a Bahrain-backed resolution on the Strait of Hormuz.

China and Russia, permanent members, vetoed the draft.https://t.co/LWPlbCZDOc pic.twitter.com/4yvrhvjWcK

— UN News (@UN_News_Centre) April 7, 2026

Impacto limitado, pero simbólico

Diversos análisis coinciden en que, incluso si hubiera sido aprobada, la resolución difícilmente habría alterado la dinámica del conflicto sobre el terreno. Sin embargo, su fracaso tiene un valor simbólico considerable.

Para los países del Golfo, impulsores de la iniciativa, el bloqueo de Ormuz representa una amenaza directa a su estabilidad económica y a la seguridad energética global. Desde esta perspectiva, la falta de acción del Consejo de Seguridad envía una señal de debilidad institucional.

El ministro de Asuntos Exteriores de Baréin, Abdullatif bin Rashid Al Zayani, ha acusado este martes a Rusia y China de haberse centrado “únicamente” en la redacción de la resolución sobre el estrecho de Ormuz —vetada por ambos países en el Consejo de Seguridad— y no tanto en su contenido.

“Ellos han creído que deberíamos centrarnos únicamente en el lenguaje de la resolución y no en qué abarca la resolución (...)”, ha aseverado.

“Creo que el Consejo de Seguridad realmente no ha estado a la altura de las circunstancias en esta ocasión, pero volveremos a intentarlo y trataremos de elaborar un enfoque, porque se trata de una cuestión inminente y muy importante que debemos abordar”, ha avanzado el jefe de la diplomacia bareiní, cuyo país ostenta este mes la presidencia rotatoria del organismo. @mundiario

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