La visita de Estado de Emmanuel Macron a España ha servido para exhibir la cercanía entre Madrid y París, pero también para poner sobre la mesa una de las cuestiones que siguen generando fricción entre ambos países: la escasa conexión energética de la Península Ibérica con el resto de Europa. Felipe VI aprovechó su intervención ante empresarios españoles y franceses para reclamar un nuevo impulso a unas infraestructuras que considera estratégicas para la seguridad y la competitividad europeas.
El mensaje del Rey llegó en un momento especialmente significativo. España lleva años defendiendo la necesidad de reforzar sus conexiones energéticas con el continente a través de Francia, mientras que las interconexiones existentes continúan muy por debajo de los niveles que permitirían aprovechar plenamente la posición de la Península dentro del sistema energético europeo.
Durante el Foro de Comercio e Inversión España-Francia, que inauguró el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, Felipe VI situó las infraestructuras transfronterizas dentro de una cuestión mucho más amplia: la capacidad de Europa para responder a un escenario marcado por la incertidumbre energética, la competencia internacional y la necesidad de reducir vulnerabilidades. En ese contexto, el monarca reclamó también avances en las conexiones ferroviarias entre ambos países.
Una conexión que va más allá de la energía
Felipe VI vinculó las interconexiones con tres conceptos que han ganado peso en la agenda europea: seguridad, estabilidad y competitividad. No se trata únicamente de construir nuevas infraestructuras, sino de reducir el aislamiento de una región que durante décadas ha tenido una conexión limitada con el resto del mercado energético europeo.
España aspira a incrementar esa capacidad de intercambio, especialmente en un escenario en el que las energías renovables tienen un peso creciente. La Península cuenta con una elevada capacidad de generación solar y eólica, pero las dificultades para transportar excedentes hacia otros mercados limitan parte de ese potencial.
La cuestión también tiene una dimensión económica. Una red mejor conectada permitiría facilitar los intercambios, mejorar la capacidad de respuesta ante episodios de tensión en el suministro y reforzar la integración del mercado energético europeo. Para Madrid, por tanto, la conexión con Francia no es una infraestructura secundaria, sino una pieza de su estrategia para ganar peso dentro del sistema energético continental.
El Rey, en el Foro de Comercio e Inversión España-Francia.
— Casa de S.M. el Rey (@CasaReal) September 30, 2026
🗨️ España y Francia tenemos la responsabilidad de contribuir juntas a una Europa más competitiva, más fuerte y mejor preparada para afrontar los desafíos de nuestro tiempo. pic.twitter.com/EMhLNRx7Tm
El mensaje del Rey se produjo, además, mientras España y Francia trataban de proyectar una imagen de relación estrecha. Emmanuel Macron y Brigitte Macron iniciaron su viaje de Estado con una agenda destinada a reforzar los vínculos políticos, económicos y empresariales entre ambos países.
Una relación cercana con asuntos todavía pendientes
La dimensión económica de esa relación quedó patente durante el foro, donde participaron representantes de grandes compañías de ambos países. El intercambio comercial entre España y Francia alcanza los 95.000 millones de euros, una magnitud que explica la importancia de mantener unas relaciones bilaterales estables.
Carlos Cuerpo, vicepresidente primero, destacó precisamente el elevado grado de integración económica entre ambos países. Felipe VI, por su parte, puso el acento en otro elemento menos cuantificable: la confianza entre socios europeos.
Pero la visita de Macron también ha dejado al descubierto que la buena sintonía diplomática no elimina automáticamente las diferencias. El Senado español rechazó durante la visita el Tratado de Amistad y Cooperación entre España y Francia, un acuerdo pendiente desde 2023 que deberá continuar ahora su recorrido parlamentario.
En ese contexto, la reclamación de Felipe VI sobre las interconexiones adquiere un significado adicional. Mientras Madrid y París tratan de reforzar una relación que consideran estratégica, siguen existiendo asuntos concretos en los que los intereses nacionales y europeos no avanzan al mismo ritmo.
La cuestión energética resume buena parte de esa contradicción: España defiende desde hace años una mayor conexión con Europa, mientras Francia mantiene una posición que ha dificultado avances más ambiciosos. Por eso, la petición formulada por Felipe VI ante Macron no es solo una referencia a una obra de infraestructura. Es también una llamada a convertir la integración política y económica entre ambos países en conexiones físicas capaces de sostenerla. @mundiario