El involucramiento de menores de edad en delitos graves es el reflejo de fallas en el entorno familiar, educativo y comunitario, que generan condiciones de vulnerabilidad aprovechadas por el crimen organizado, explicó Carolina Ferreira, psicóloga y maestra en criminología del Patronato Psicológico Queretano (Psyque I.A.P.).
Lo sucedido en el estado en una secundaria y delitos vistos en otras entidades del país, remarcó que invitan a pensar, en como sociedad, en qué se está fallando en cuanto a la protección de los menores de edad. El desamparo, violencia familiar, maltrato, rezago y deserción escolar, adicciones y falta de redes de apoyo consideró que son factores que generan grados de vulnerabilidad.
Propuestas como el endurecimiento de penas, cuando cometen delitos graves, enfatizó que no necesariamente resuelven el problema, por lo que subrayó la importancia de la justicia restaurativa, así como el trabajo con las familias mediante herramientas de crianza, resolución de conflictos, manejo emocional y atención de problemáticas como separaciones o adicciones.
“Utilizar el castigo como control social frente al delito es algo que se lleva haciendo desde el principio, y que se ha demostrado que no tiene efectos positivos. Si no los tiene en los adultos, pues mucho menos en los menores, en términos de que efectivamente el menor todavía está en un periodo de desarrollo donde muchas cosas tienen que ocurrir para poder definir ya de manera concreta su identidad, su personalidad, etcétera”.
Incluso para los adultos, puntualizó que las penas de prisión no resuelven los problemas, ya que se hace muy poco en reinserción y reintegración social, y prueba de ello son los altos índices de reincidencia.
Para que un menor llegue a cometer un delito grave, subrayó que ocurren muchas cosas antes, etapas en las que se tendría que apostar por la prevención, e incluso también mencionó que se debe entender que están en la búsqueda de pertenencia social, de reconocimiento y ser parte de un grupo que les otorgue un lugar y un rol.
“Pero la prevención tiene que venir primero desde el contexto familiar, que sabemos que es el principal en el desarrollo de un pequeño, después la parte educativa, ya lo estamos viendo dentro del ámbito educativo toda la problemática que está habiendo para poner límites, para contener situaciones de riesgo. Hubo un incidente en una institución de media superior, donde apareció un chico con un arma, y estas cosas siguen sucediendo, pero ¿qué hay detrás?, falta de supervisión, adultos que no están ahí presentes, mucho desamparo, soledad, situaciones de riesgo como pueden ser conductas adictivas, embarazos adolescentes, entre otros”.
Respecto al uso de celulares y redes sociales, consideró que restringirlos por sí solo no es suficiente, sino que se requiere de un seguimiento, en donde haya adultos responsables que conozcan sus actividades, amistades, problemas y estado emocional, y establezcan vínculos afectivos y límites.