El debate sobre el estado de la autonomía volvió a poner frente a frente dos relatos sobre Galicia: el de un Gobierno que reivindica estabilidad y avances graduales, y el de una oposición que denuncia falta de ambición y respuestas insuficientes a los problemas estructurales. En medio de ese contraste, el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, quiso proyectar un mensaje de confianza y continuidad, apoyado en nuevos anuncios y en el balance de sus dos primeros años de legislatura.
La principal novedad de su intervención fue el anuncio de un plan de choque contra el fraude en las bajas laborales, una iniciativa que pretende abordar uno de los factores que más preocupan al tejido empresarial y a la propia Administración sanitaria. Galicia registra, según los datos expuestos por el presidente, hasta 70.000 trabajadores ausentes cada día por incapacidad temporal, con un impacto económico que alcanza los 2.200 millones de euros anuales, el equivalente al 3% del PIB autonómico. El plan contempla la creación de unidades especializadas para gestionar bajas vinculadas a dolencias musculoesqueléticas y trastornos psiquiátricos leves, las más frecuentes en el sistema.
La propuesta introduce además un mayor protagonismo para las mutuas en la revisión de las incapacidades temporales, una medida que deberá negociarse con sindicatos y patronal y que, previsiblemente, abrirá un debate social sobre los límites entre el control del fraude y la protección de los derechos laborales. En este punto, el Gobierno gallego busca presentarse como un gestor pragmático que intenta equilibrar sostenibilidad económica y eficacia sanitaria.
“Galicia no puede permitirse 70.000 trabajadores ausentes cada día sin una respuesta eficaz”, defendió el presidente
Más allá de esta medida, Rueda desplegó un discurso centrado en la continuidad de políticas ya en marcha y en la extensión de algunas de ellas. En vivienda, anunció que el 30% del parque público destinado a la venta se reservará para personas de entre 36 y 45 años con hijos, ampliando además los límites de renta para facilitar el acceso a capas más amplias de la clase media. También defendió que las 4.000 nuevas viviendas prometidas en la legislatura ya están en marcha, con las primeras entregas previstas en Pontevedra y Santiago en los próximos meses.
En sanidad, uno de los terrenos donde se concentran las mayores críticas sociales, el presidente avanzó una reforma integral de la atención primaria destinada a reducir la carga burocrática de los médicos y limitar las agendas a un máximo de 30 pacientes diarios. La recuperación de la dirección general de Atención Primaria busca reforzar la supervisión y garantizar el cumplimiento de estas medidas, en un intento de responder a una de las principales fuentes de desgaste político del Ejecutivo.
El discurso incluyó también compromisos en servicios sociales —como la ampliación del Bono Coidado hasta alcanzar los 50.000 beneficiarios en 2027—, en industria —con el fortalecimiento de la sociedad Recursos de Galicia— y en educación, donde se reforzará la autoridad del profesorado y se regulará el uso de dispositivos digitales y de inteligencia artificial en las aulas. En conjunto, Rueda defendió que la Xunta ha cumplido o tiene en marcha más del 85% de los compromisos adquiridos y aseguró que, en el balance global, predominan “los motivos para la esperanza”.
Ana Pontón. / Mundiario
La oposición acusa al Ejecutivo de Rueda de presentar un país “irreal” y sin proyecto de futuro sólido
La lectura de la oposición fue radicalmente distinta. La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, calificó al presidente como el “presidente del estancamiento” y sostuvo que su intervención repitió “recetas fracasadas” sin ofrecer soluciones a los problemas de fondo.
En su opinión, la ausencia de referencias explícitas a políticas de igualdad o violencia de género evidencia una deriva ideológica que considera preocupante.
Jose? Ramo?n Go?mez Besteiro. / Mundiario
Desde el PSdeG, su secretario general, José Ramón Gómez Besteiro, fue igualmente crítico al señalar que el presidente describió una Galicia que no coincide con la percepción cotidiana de los ciudadanos.
El líder del PSOE en Galicia enumeró déficits en vivienda, listas de espera sanitarias, industria o financiación autonómica, y reprochó que algunas de estas cuestiones apenas recibieran atención en el discurso presidencial.
Rueda apuesta por una estrategia de continuidad con ajustes progresivos y mensajes de confianza. La oposición busca instalar la idea de que ese modelo ha agotado su recorrido
Incluso fuera del arco parlamentario, las críticas coincidieron en señalar un exceso de autocomplacencia en la intervención del presidente. Representantes de fuerzas minoritarias denunciaron medidas “cosméticas” en sanidad y reclamaron una atención más equilibrada a las distintas provincias gallegas.
Este contraste de percepciones ilustra una realidad política que trasciende los discursos. Por un lado, Galicia sigue siendo percibida como una comunidad con estabilidad institucional y previsibilidad presupuestaria, elementos que el Gobierno autonómico reivindica como activos frente a la incertidumbre nacional. Por otro, la persistencia de problemas estructurales —especialmente en sanidad, vivienda o demografía— alimenta el discurso opositor que reclama un salto cualitativo en las políticas públicas.
El debate autonómico no resuelve estas tensiones, pero sí delimita el terreno sobre el que se jugará el futuro político gallego. Rueda apuesta por una estrategia de continuidad con ajustes progresivos y mensajes de confianza. La oposición, en cambio, busca instalar la idea de que ese modelo ha agotado su recorrido.
En ese pulso entre estabilidad y cambio se decidirá, en última instancia, qué relato logra imponerse: el de una Galicia que avanza con prudencia o el de una Galicia que necesita acelerar para no quedarse atrás. @mundiario