Los murciélagos nectarívoros son cruciales para varios de los placeres y necesidades humanas. Se alimentan del néctar de las flores y al hacerlo, las polinizan. Tienen una lengua larga y delgada para alcanzar el néctar en el fondo de las flores y en ese camino recogen también el polen que luego transfieren a otras flores.
En México hay 13 especies de murciélagos nectarívoros, más que cualquier otro país. Cinco de esas especies habitan en la Ciudad de México, y cruzan diariamente varios kilómetros para trasladarse de un sitio a otro, sorteando edificios y coches.
Gracias a los murciélagos y a otros polinizadores como los insectos, podemos saborear y disfrutar la delicia de los plátanos, las guayabas, los mangos, los higos y los tejocotes. Si recuerda sus clases de primaria o secundaria sobre la reproducción sexual de las plantas, el polen que se produce en la parte masculina de las flores debe llegar al óvulo de la parte femenina para permitir la fecundación de la planta y así la flor se transforma en fruto y semillas y con eso se mantiene la vida, la diversidad genética y la belleza de las plantas con flor.
El valor de la polinización y particularmente la que realizan los murciélagos ha sido la línea de investigación del muy querido Dr. Rodrigo Medellin. Ha dedicado su vida profesional a mostrar, cómo los murciélagos, uno de los mamíferos más difamados en el mundo, son, de hecho, un ser generoso que nos llena de beneficios.
Sus investigaciones y las tecnologías actuales han permitido saber, por ejemplo, que algunas especies de murciélagos recorren larguísimas distancias: los murciélagos magueyeros viajan desde las costas de Sinaloa, cruzan el Golfo de California en una noche, se alimentan y refugian en las cuevas de Baja California Sur, para luego regresar, ¡incluso la noche siguiente!
Esta capacidad de vuelo de largas distancias, siguiendo la floración de los agaves y de los cactus, es una información crucial para varias cosas: la organización y claridad de realizar esfuerzos de protección y monitoreo compartido entre estados e incluso países y también la oportunidad, que estas migraciones ofrecen, para dispersar y mantener la diversidad genética de especies como los agaves.
Y es que, como comenta Rodrigo, si a usted le gusta el mezcal o el tequila, o ambos; sin murciélagos, no hay tal. Porque resulta que, el agave tequilero, se ha visto mermado genéticamente porque los productores no permiten su floración. Y sin flores que permitan la reproducción sexual de las plantas, los agaves se vuelven más vulnerables a plagas y enfermedades, al ser sólo clones del mismo progenitor.
La razón por la que impiden el florecimiento es porque, en ese momento, tiene más azúcar y es cuando la cosecha rinde mejor para hacerlo tequila; pero así, ponen en riesgo, lo que tanto cuidan.
Pero si a usted no le gusta el mezcal, ni el tequila —lo cual sería un desperdicio, permítame decir—, seguro le gusta la fruta. Así que, conviene que vea a esos mamíferos alados con más respeto.
*La autora es subsecretaria de Biodiversidad y Restauración Ambiental, de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Gobierno de México.
@mroblesg