La eurodiputada de Podemos, Irene Montero, se acerca al portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Gabriel Rufián, en un intento de reactivar su espacio político de cara a las próximas elecciones generales. Sin embargo, la propuesta de una confluencia amplia de la izquierda choca con el recelo del independentismo catalán, que no se reconoce en ese planteamiento ni en su marco estratégico.
El encuentro en Barcelona entre la exministra de Igualdad y el líder de los republicanos en el Congreso forma parte de una carrera de fondo. Podemos atraviesa una fase de debilidad estructural tras quedarse fuera de los parlamentos de Aragón y Castilla y León, y busca reposicionarse en el tablero político tras resignarse a mantenerse en la coalición de Por Andalucía, la confluencia con Izquierda Unida y Movimiento Sumar de cara a las elecciones andaluzas.
Montero, proclama internamente como candidata para las generales de 2027, intenta proyectar liderazgo y reconstruir alianzas. En ese contexto, Rufián aparece como un actor atractivo, bien valorado entre votantes de izquierda y con capacidad comunicativa, en pleno proceso de formar un “frente popular” en el que aglutine a la izquierda alternativa al PSOE, desde las fuerzas progresistas estatales hasta las soberanistas, con la intención de coordinarse en todas las provincias una vez se convoquen los comicios.
La hipótesis de un tándem político entre ambos, alentada incluso por figuras como el exvicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, apunta a recomponer un espacio fragmentado que hoy compiten distintas fuerzas como el frente amplio que manejan las formaciones que integran el ala minoritaria del Ejecutivo de Pedro Sánchez, es decir, IU, Movimiento Sumar, Más Madrid y los comunes.
El límite del independentismo
Sin embargo, el principal obstáculo no está solo en la izquierda plurinacional, sino en el propio campo independentista. ERC ha dejado claro que no contempla una coalición de ámbito estatal que diluya su identidad.
La incomodidad dentro del partido es evidente. Ni su líder, Oriol Junqueras, ni su núcleo dirigente han querido avalar explícitamente la iniciativa, optando por una presencia institucional mínima. Este distanciamiento refleja una tensión interna: Rufián actúa como un “verso suelto” que empuja hacia una convergencia más amplia, mientras la dirección prioriza mantener un perfil propio.
El rechazo no es exclusivo de ERC. Formaciones como la CUP o sectores de EH Bildu y el BNG ven la propuesta como un retroceso estratégico, al subordinar la agenda independentista a un frente estatal contra la derecha.
La izquierda fragmentada ante un dilema común
El trasfondo del movimiento es compartido: la fragmentación del espacio progresista y el temor al avance de la derecha. Pero las soluciones divergen. Mientras Gabriel Rufián plantea candidaturas amplias que trasciendan siglas, otros actores —incluidos los socios de Sumar— avanzan en sus propios procesos de articulación sin integrar al independentismo en esa ecuación.
Incluso dentro del propio Podemos existen tensiones sobre cómo reconstruir el espacio político. Las recientes negociaciones en Andalucía o los desencuentros con aliados tradicionales como los dirigentes de IU evidencian una falta de cohesión que limita la capacidad de impulsar proyectos de mayor alcance.
El acto en Barcelona ha generado expectación mediática y cierto interés ciudadano, pero su traducción política es incierta. La idea de una candidatura conjunta entre figuras como Montero y Rufián puede tener atractivo simbólico, pero choca con realidades estructurales como diferencias estratégicas entre izquierda estatal y el soberanismo progresista, la competencia directa entre partidos progresistas y las resistencias internas en cada organización
En este contexto, la iniciativa en el auditorio de la Universidad Pompeu Fabra parece más un intento de abrir debate que una operación con viabilidad inmediata. @mundiario