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Mundiario 12 Oct, 2026 05:37 (5 min de lectura)
Observatorio Neutral

La vitamina C no está solo en las naranjas: estos alimentos también la aportan

La vitamina C no está solo en las naranjas: estos alimentos también la aportan

La vitamina C tiene un problema de imagen: casi todo el mundo la asocia con un vaso de zumo de naranja, un limón exprimido o los remedios caseros para combatir el resfriado. Sin embargo, reducir este nutriente a los cítricos significa pasar por alto alimentos habituales que también contribuyen a cubrir las necesidades diarias del organismo. Algunos están en la nevera, otros aparecen en las ensaladas de todos los días y unos cuantos suelen terminar en el plato sin que se les reconozca su verdadero valor nutricional.

Esta vitamina, también conocida como ácido ascórbico, participa en la formación de colágeno, favorece la absorción del hierro de origen vegetal y contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Además, actúa como antioxidante, ayudando a proteger las células frente al daño oxidativo. El cuerpo humano no puede producirla por sí mismo, por lo que necesita obtenerla a través de la alimentación.

1. El pimiento rojo, un protagonista inesperado

Si hay una verdura que merece salir del segundo plano nutricional, es el pimiento rojo. Crudo, aporta una cantidad considerable de vitamina C y puede superar ampliamente a la naranja por cada 100 gramos, dependiendo de la variedad y del grado de maduración. Incorporarlo en ensaladas, bocadillos o como acompañamiento es una forma sencilla de aumentar el consumo de este nutriente sin cambiar radicalmente la dieta.

2. El kiwi, mucho más que una fruta para el desayuno

El kiwi destaca por su contenido de vitamina C, que puede ser superior al de muchos cítricos. También aporta fibra, relacionada con el funcionamiento intestinal, y otros compuestos beneficiosos. Comerlo a media mañana, añadirlo a un yogur natural o combinarlo con otras frutas permite diversificar la alimentación sin recurrir siempre a las mismas opciones.

3. Las fresas, pequeñas pero nutritivas

Las fresas son otra fuente interesante de vitamina C. Su sabor dulce y su versatilidad facilitan incorporarlas a la dieta, tanto enteras como acompañadas de yogur o avena. Además de contribuir al aporte de esta vitamina, contienen fibra y compuestos vegetales, entre ellos polifenoles, que forman parte de una alimentación variada.

4. El brócoli, una razón más para comer verduras

El brócoli contiene vitamina C y otros nutrientes, como folato y fibra. Puede consumirse al vapor, salteado o incorporado a sopas y cremas. Sin embargo, hay un detalle importante: la vitamina C es sensible al calor y al agua, por lo que una cocción prolongada puede reducir su contenido. Prepararlo durante poco tiempo y con una cantidad moderada de agua ayuda a conservar una mayor proporción.

5. El perejil, un pequeño ingrediente con valor nutricional

Aunque suele utilizarse para decorar platos, el perejil fresco también aporta vitamina C. Su consumo habitual como condimento no equivale necesariamente a comer una ración completa de fruta o verdura, pero añadirlo a ensaladas, tortillas, salsas o legumbres contribuye a diversificar los nutrientes de la dieta.

6. El tomate, una presencia habitual en la mesa

El tomate aporta vitamina C, además de agua, fibra y otros compuestos vegetales. Puede consumirse crudo en ensaladas, en tostadas o como parte de un gazpacho. La cantidad de vitamina C varía según la variedad, la maduración y el procesamiento, por lo que no todas las preparaciones ofrecen el mismo aporte.

7. La col, una alternativa económica y versátil

La col blanca y otras variedades de esta hortaliza también contienen vitamina C. Se pueden incorporar a ensaladas, salteados, guisos o preparaciones al vapor. Su ventaja es que admite numerosas recetas y permite sumar verduras a la alimentación sin depender de productos más caros o difíciles de encontrar.

Cómo aprovechar mejor la vitamina C de los alimentos

No basta con elegir alimentos ricos en vitamina C: también importa cómo se almacenan y preparan. La exposición prolongada al calor, el contacto con el agua y el almacenamiento durante mucho tiempo pueden reducir su contenido. Por eso, conviene consumir algunas frutas y verduras frescas, cortar los vegetales justo antes de comerlos y optar por cocciones breves cuando sea posible.

Otra estrategia útil consiste en combinar alimentos ricos en vitamina C con fuentes vegetales de hierro, como las lentejas, los garbanzos o las alubias. Esta combinación favorece la absorción del hierro no hemo, presente en los alimentos de origen vegetal, y resulta especialmente práctica en dietas vegetarianas y veganas.

La vitamina C, sin embargo, no es una garantía contra los resfriados ni sustituye una alimentación equilibrada. Aunque es esencial para el organismo, consumir cantidades excesivas mediante suplementos no ofrece necesariamente beneficios adicionales y puede provocar molestias digestivas en algunas personas.

La conclusión es sencilla: no hace falta exprimir una naranja todos los días para obtener vitamina C. Un pimiento rojo en la ensalada, un kiwi en el desayuno, unas fresas de postre o una ración de brócoli pueden ayudar a cubrir las necesidades diarias. A veces, mejorar la alimentación no exige comprar productos exóticos ni seguir tendencias: basta con mirar de otra manera lo que ya tenemos en la cocina. @mundiario

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