
En todo régimen de autoridad, el miedo juega parte relevante. En un sistema democrático, que ofrece certeza de derechos y una justicia confiable, funciona como recurso de control frente a quien quebranta la ley; su presencia es de la mayor importancia porque inhibe conductas antisociales. Quien transgreda entiende que habrá consecuencias.
La situación es diferente dentro de un régimen autoritario. La acción represiva del Estado no se desprende del marco legal, sino de la discrecionalidad de la autoridad. No es la certeza de derechos, sino la arbitrariedad. El miedo tiene un efecto exponencial porque no es la ley ni la norma escrita la que define qué está prohibido o permitido, sino la decisión de quien tiene la capacidad para sancionar, situación que se reafirma por la inexistencia de un sistema de justicia confiable.