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AM 12 Apr, 2026 06:00

Un Obispo Rojo en León

José Luis 1

Sergio Méndez Arceo, fue un gran obispo católico e historiador, ideólogo de la teología de la liberación. Le conocí cuando en mis vacaciones en el colegio de los jesuitas en Puebla, mis padres me acercaron al Seminario Diocesano de Cuernavaca a tomar clases de álgebra y que estaba justo enfrente de la casa donde pasaba esos meses. 

Los domingos nos llevaban a mi hermano y a mí, a la “misa de mariachi”, en una catedral remozada con tonos austeros, libre de santos y santas. Solo en el altar a Jesucristo, lo que provocó escándalos, pues era revolucionario entrar a un recinto donde solo Jesús, muerto por un sistema injusto. 

En la década de los 70, don Sergio se enfrentó a las estructuras tradicionales de la Iglesia Católica y llegó a desafiar a las dictaduras latinoamericanas para perseguir lo que concebía como una revolución espiritual, alineada con valores humanistas y contraria a la sociedad de consumo.Le escuché en una charla en la Ibero México y vi cómo fanáticos de derecha le arrojaron pintura roja a su alba blanca.

Don Sergio está estos días en León. Sí. Se hace presente en la película del documentalista Francesco Taboada Tabone, director de Los últimos zapatistas (2002), quien emplea material de archivo inédito y entrevistas a personajes que conocieron a este personaje tan luminoso para los movimientos latinoamericanos de izquierda, pero incómodo para el poder político y económico de la región.  

Estudió en Roma con los jesuitas y fue Doctor en Historia. A su regreso a México, fue profesor de historia en mi Universidad Iberoamericana México. En 1952 fue nombrado obispo de la Diócesis de Cuernavaca y ese mismo año publicó el libro de historia “La Real y Pontificia Universidad de México”. 

Desde esa época, la derecha mexicana le aplicó el mote de “Obispo Rojo”, como la película, por haberse convertido en el principal promotor de la renovación dentro de la Iglesia católica mexicana. Trabajó intensamente en favor de la población marginada de México, y apoyando a grupos de izquierda, tanto dentro como fuera del país. 

Siendo miembro del CIDOC (Centro Intercultural de Documentación), junto a Gregorio Lemercier (monje benedictino belga que, establecido en Cuernavaca, revolucionó la vida religiosa en los años 60 al introducir el psicoanálisis en el hermoso monasterio de Santa María de la Resurrección o Emaús), el psicólogo, Iván Illich, el gran Erick Fromm, formaron ese contexto de intelectuales críticos en Cuernavaca en la década de 1960, convirtiendo a la ciudad en un punto de encuentro intelectual y contrainstitucional.

Fueron los años de la linda tipografía católica de Fray Gabriel Chávez en esa hermosa capilla redonda de Emaús que evitaba las misas de espaldas a los fieles. Vibré con Don Sergio, en su misa de los domingos en catedral que se musicalizó con mariachi, y conocida como Misa Panamericana, compilada por el folclorista canadiense Jean Marc Lecler en la capilla del CIDOC, que usaba acordes chilenos, brasileños y mexicanos, con arreglos que incluyen violines, trompetas, guitarra, vihuela y guitarrón. 

Don Sergio se convirtió en esta etapa en un inspirador del Movimiento Sindical Radical que surgía en México en los años setenta y permitía que en la misa la gente presentara sus problemas. Denunció en su momento las invasiones de Estados Unidos en Vietnam y en Centroamérica y Cuba. 

Durante los años setenta condenó los violentos regímenes militares en Latinoamérica, e impulsó el movimiento de solidaridad con el pueblo cubano por el bloqueo estadounidense a la isla. En sus últimos años de vida, apoyó la Revolución sandinista, el movimiento de solidaridad con el pueblo de El Salvador, mediante comunidades eclesiales de base, visitaba las comunidades de refugiados y emigrantes que se organizaban en torno al movimiento Sanctuary (‘refugio’) en Estados Unidos.

En algo inusual en el catolicismo, en 1981, tras varias masacres que el Gobierno mexicano llevó a cabo, en una medida drástica claramente en contra del Gobierno federal, promulgó una excomunión ?expulsión de la Iglesia católica? contra todo aquel católico que torturara a cualquier persona. 

Por todo, fue blanco de múltiples ataques por grupos de derecha católicos e incluso llegó a sufrir agresiones físicas e insultos públicos. Recuerdo que, en 1982, al cumplir los 75 años de edad, según lo prescrito por el Derecho Canónico, presentó su renuncia al obispado, desde el que fue molesto para el poder, por su inclinación a los pobres, desamparados y apoyo a las mejores causas sociales. 

En los siguientes dos meses, Juan Pablo II reemplazó a 25 obispos por otros que en los siguientes años revirtieron la mayor parte del trabajo apostólico de Méndez Arceo. Falleció a los 84 años, en Cuernavaca y fue sepultado en la catedral de Cuernavaca, entre la aclamación de “queremos más obispos al lado de los pobres”. Le recuerdo siempre, Don Sergio ahora que vino a León.

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