Nadar para muchos es una actividad antinatural al ser humano, atado por su anatomía a la tierra aunque concebido y criado dentro de un medio acuoso. Sin embargo, algunas pruebas arqueológicas remiten la natación a la era neandertal, de cuyos restos deducimos su capacidad para bucear en aguas poco profundas e ingresar al agua de forma competente y repetida.
Se estima que en el mundo poco menos de la mitad de las personas mayores de quince años sabe nadar (un 44%) y que la natación está ligada en gran medida al nivel de ingreso: un 27% de los más pobres sabe nadar contra un 76% perteneciente al ingreso alto. En el mismo estudio de Gallup, disponible en línea, en América Latina sólo una tercera parte de las mujeres dijo saber nadar sin ayuda, contra un 71% de los hombres. la natación parecería relegada a los países ricos o con grandes litorales, además de estar limitado por el patriarcado opresor.
Sin embargo, he aquí un libro interesante y único, nacido en una provincia mediterránea como Guanajuato, que nos remite a la experiencia personal femenina de sumergirse, sufrir y disfrutar de la natación. Entre la prosa poética, el ensayo y la autobiografía, Karla Gasca ha plasmado una experiencia literaria que nos lleva de la alberca al ansiado mar: “Descubrí una buena forma de mitigar la tristeza: nadar bajo el agua y contemplar el entorno. Allí, los mosaicos desplazados forman un rompecabezas enorme donde resalta, de pronto, el brillo de una pulsera o un arete extraviado.”
¿Qué nos atrae a sumergirnos o cambiar de ropas y confinarnos en un carril de nado, a tomar clases y soportar las instrucciones de un entrenador? “En la alberca quedo libre de toda culpa. Cuando el agua se filtra en mis oídos y susurra: No eres tú, es el mundo árido de afuera.”
Como parte de la colección Erinias de Los otros libros, Estilo libre (2026), plantea un diálogo entre letras e imágenes, estas últimas de una deliciosa estética twee a cargo de Carolina Durán. Con sus tonos pastel, formas redondeadas y a veces caóticas, complementa y nebuliza las sentencias acuáticas de Gasca.
Me despido con un fragmento evocador del salto de una piscina al mar:
“Nadan en aguas abiertas quienes han perdido algo importante; llevan consigo, a modo de boya, un recuerdo que no siempre es ligero, pero que de algún modo los mantiene a flote. Nadan también quienes buscan desprenderse de algo y dejar que el mar se lo lleve, o quienes persiguen un tesoro: calma, claridad, aceptación. Nada aquel que sueña con la meta, pero no teme extraviarse ni perder la vista de la orilla.”