HUB
Vanguardia 13 Oct, 2026 05:00 (4 min de lectura)
Observatorio Neutral

El espejismo del giro a la derecha en América Latina

El espejismo del giro a la derecha en América Latina
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• Preocupación progresista por ola conservadora en América Latina.
• Crecimiento electoral de derecha y extrema derecha.
| Factores sociales, intervención EE.UU., batalla cultural.

El espejismo del giro a la derecha en América Latina

+Seguir en Seguir en Google
/ 13 octubre 2026 05:00
    El espejismo del giro a la derecha en América Latina

COMPARTIR

En las últimas semanas, un sentimiento de preocupación ha comenzado a rondar en los espacios progresistas: la idea de que América Latina está sucumbiendo, de manera irremediable, ante una nueva ola de derecha y extrema derecha.

Es innegable que el conservadurismo ha ganado terreno. Hemos visto el crecimiento electoral y la llegada al poder de proyectos que parecían desterrados de nuestra región, con la amenaza bastante palpable de llegar incluso a Brasil, el país más poblado de Latinoamérica. Para explicar este fenómeno, los analistas han puesto varias cartas sobre la mesa: la manipulación de la conversación pública a través de redes sociales, un renovado intervencionismo de Estados Unidos, la articulación de una “batalla cultural” diseñada para explotar miedos frente a los avances sociales, y el creciente peso político de los grupos religiosos evangélicos.

No propongo descartar esos análisis; todo esto tiene un peso específico y debe tomarse con total seriedad. Sin embargo, hacer una lectura catastrofista es un error de perspectiva.

Que un partido de derecha gane una elección no significa que, de la noche a la mañana, millones de ciudadanos se hayan convertido en fervientes defensores del extremismo conservador. Lo que en realidad estamos viendo en casi toda América Latina son sistemas electorales profundamente divididos y contiendas extremadamente cerradas, algo que ya ocurría desde antes. Con la notable excepción de las dos últimas elecciones presidenciales en México, donde el respaldo popular a nuestro movimiento ha sido amplio y abrumador, las elecciones en el resto del continente se están definiendo por márgenes mínimos.

Cuando el triunfo se decide por un puñado de votos, interpretar el cambio de partido en el gobierno como un giro radical de toda la sociedad es una exageración. En la mayoría de los casos, lo que define la elección es una franja relativamente pequeña de votantes oscilantes que castiga al gobierno en turno.

Veamos el caso de Brasil. En las elecciones presidenciales de 2022, el presidente Lula da Silva logró una victoria muy importante, pero sumamente apretada en la segunda vuelta: obtuvo el 50.90 por ciento de los votos frente al 49.10 por ciento de Jair Bolsonaro. Una diferencia de apenas 1.8 puntos porcentuales. Ahora, en la primera vuelta de este 2026, Flávio Bolsonaro, el hijo de Jair, obtuvo el 47.03 por ciento frente al 45.16 por ciento de Lula y la segunda vuelta es de pronóstico reservado. El país no sufrió una mutación ideológica de raíz en cuatro años; simplemente, esa misma pequeña franja de electores se movió.

Lo mismo ocurre en Colombia. La histórica llegada del progresismo con Gustavo Petro en la segunda vuelta de 2022 se logró con una ventaja de 3.14 puntos sobre Rodolfo Hernández (una diferencia de 688 mil votos). En contraste, en las recientes elecciones de este 2026, la victoria de Abelardo de la Espriella sobre Iván Cepeda se dio por un margen todavía más estrecho: apenas 0.98 puntos porcentuales, es decir, unos 251 mil sufragios de diferencia.

¿Qué nos dice esto, especialmente a nosotros en México? Que no hay motivos para caer en el pesimismo, y obviamente tampoco hay espacio para el exceso de confianza. En Latinoamérica no hay un giro radical hacia la derecha en el corazón de nuestras sociedades, sino electorados polarizados donde unos cuantos miles de votos cambian el rumbo de un país entero y fuerzas conservadoras que nunca dejaron de disputar muy competitivamente la presidencia.

En México tenemos un mandato contundente porque hemos sabido mantenernos cerca de la gente, cumplir lo prometido y enfocados en las preocupaciones principales de la gente; el espejo de América Latina nos recuerda que la voluntad popular no es un cheque en blanco. Se cultiva, se defiende y se refrenda todos los días. El progresismo en la región no ha muerto, simplemente está disputando cada palmo de terreno en un contexto de nuevas dificultades y regresará fortalecido y renovado.

Entidades Estrategicas Detectadas (Clic para explorar):