
Las medidas de seguridad se convirtieron en la gran estrella de la noche, para evitar cualquier posible ataque terrorista de Irán. Y aunque no se haya notado en la transmisión de la ceremonia, se extremaron todas las medidas. Equipos antibombas revisaron con espejos por debajo de los autos, mientras algunos policías con perros entrenados olfateaban a todos los que llevaban bolsos. Un grupo especializado de SWAT tambien se había ubicado en puntos estratégicos entre la gente se escondían agentes encubiertos sin dejar de lado cada uno de los rincones del lugar. Todas las calles alrededor de Hollywood Boulevard habían sido cerradas desde el día anterior, donde el metro subterráneo incluso salteó la parada que suele tener debajo del complejo. Es más: Cada esquina contaba también con detectores de metales como los del aeropuerto, donde los periodistas y fotógrafos tenían que escanear dos veces, en dos lugares diferentes, las credenciales oficiales que se verificaban con una foto en otra pantalla. Mientras tanto, una carpa en la entrada de la alfombra roja cubría el mayor número de detectores de metales donde hasta los más famosos tuvieron que pasar, sin ninguna excepción.
Con 10.136 miembros y apenas 3.400 butacas en el Teatro Dolby, la Academia organizó también otros eventos oficiales para proyectar en vivo la ceremonia. En Nueva York, se habían reundio en el Hotel Mandarín Oriental, con un cocktail de recepción y cena, además de otra separada alfombra roja. Los miembros europeos vieron la transmisión en vivo, desde The Dorchester de Londres, con el mismo menú de la cena que hubo en la fiesta oficial del Governors Ball en Hollywood. Hasta el Museo del Oscar abrió las puertas para poder ver la ceremonia desde una gigante pantalla de cine, con otra alfombra roja y una recepción especial del mismo Chef Wolfgang Puck que después estuvo en la cena oficial para los ganadores, en el piso superior del Teatro Dolby.