Lo estamos viendo en tiempo real y sin IA: la descomposición súbita del presidente Donald Trump no inició el pasado 28 de febrero con el bombardeo a Teherán ni tampoco se precipitó el pasado fin de semana con los reclamos del estadounidense al papa León XIV.
Las coordenadas del suicidio político de Trump hay que ubicarlas en la Casa Blanca, el viernes 28 de febrero de 2025, y en Teherán, el 22 de junio del mismo año.
El vergonzoso trato hacia el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, asestado por Trump, Vance y Rubio, fue un claro mensaje de divorcio y abandono al país que fue invadido por el presidente terrorista, Vladimir Putin.
Los ataques a las plantas de enriquecimiento de uranio en Natanz, Fordo e Isfahán representaron el apoyo de Trump hacia el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu. La luz verde para debilitar al máximo a Irán.
En efecto, el régimen de los ayatolás es indefendible por ningún ángulo de la vida pública: criminales del Guardias de la Revolución que posiblemente llegaron a asesinar hasta 30 mil iraníes en enero pasado; tampoco son defendibles los terroristas de Hamás que el 7 de octubre de hace dos años asesinaron a 1,450 personas y secuestraron a 250 en territorio israelí.
Sí es defendible la población inocente de la Franja de Gaza, Cisjordania, Líbano e Irán. Los millones de personas que son despojadas de sus casas, ciudades y, muchos de ellos, de sus propias vidas, dependen del humor del primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu.
¿Qué decir de la población ucraniana? Han soportado los instintos criminales del presidente Putin desde 2014 cuando invadió Crimea.
Netanyahu y Putin son perseguidos por la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y de lesa humanidad.
Ambos reciben apoyo del presidente Trump. La alfombra roja dedicada a Putin en Alaska, la cancelación de ayuda a Ucrania y el desprecio hacia Zelenski, son rasgos evidentes de la empatía y admiración que siente Trump hacia el presidente ruso.
Los tres desprecian el derecho internacional. Putin y Netanyahu, con órdenes de captura; Trump, sancionando a los jueces internacionales por atreverse a realizar su trabajo.
Frente a ellos tres, un profundo silencio de la comunidad internacional. Existen excepciones, por supuesto.
Esta semana Trump ha perdido como aliados a Giorgia Meloni y al papa León XIV. Antes, Sánchez, Starmer y Carney dieron un paso al lado. ¿Pero quiénes alzan la voz frente a las atrocidades de Netanyahu y Putin?
Trump no tiene el mínimo pudor al decir que podría cometer crímenes de guerra en caso de que cumpla con la amenaza de desaparecer plantas estratégicas en Irán. O “la civilización”, mientras come un Cuarto de Libra de McDonald's.