Ojalá que produzcamos más gas. Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum inició un largo camino al presentar a quienes decidirán si México avanza o no hacia el fracking, un modo distinto y polémico de producir gas natural, como el que usaron para cargar su celular, aunque ya convertido en electricidad.
Si el proyecto tiene éxito, habrá más gas en unos años. Haremos más coches, más electrónicos, más cosas eléctricas, más trabajo, más.
Pero, ¿no les da la impresión de que trabajamos mucho solo para quedar igual? ¿Por qué? ¿A qué se debe que no suban los salarios en general y no haya nuevos millonarios?
En este país, el que alcanzó, alcanzó. Quien tuvo un abuelo cercano al presidente obtuvo una concesión. Banca, telecomunicaciones, minas… bien por sus familias, mal por el resto.
Los demás hacen lo posible por “prepararse”. Así decimos los mexicanos cuando hablamos de prepararnos profesionalmente. Pero esa preparación no conlleva la intención de cambiar el mundo.
Nos preparamos solamente para comprar lo que compraron nuestros padres, un poco más o un poco menos, pero lo mismo: casa, comida, ropa, coche, medicinas.
Y desde hace poco añadimos al estado de cuenta Netflix, Prime, Disney+, ChatGPT, el latte, el sushi… cosas que cambiaron el centro comercial y el mundo.
Cosas nuevas que no compraron los boomers y que elevan, y elevarán, el monto de lo que gastamos en lo que viene de afuera.
Cada vez gastamos más, pero ganando lo mismo, porque hacemos lo mismo desde siempre. Trabajamos, no creamos.
Ojo: no hay nada de malo en importar marcas y cosas. Lo malo es cambiar cosas baratas, como el trabajo de apretar tuercas, por cosas caras, como un iPhone y sus apps. Lo que vende México no son coches ni electrónicos; esos los venden los dueños de las empresas. Lo que vendemos son las horas de las personas que elaboraron esos productos.
Aquí aparece la vieja trampa mexicana: confundimos actividad con prosperidad.
Las ganancias y los mejores salarios son para los dueños de esas marcas o para quienes diseñaron su innovación. Y es lo justo.
A los de Apple les dolió que Meta se llevara en diciembre a su diseñador Alan Dye. Pero, ¿alguien se entera de que renunció Pepe, el de la Apple Store de Paseo de la Reforma?
Meta ya reformó el diseño de Instagram y ahora tiene a más mexicanos pegados a la pantalla. Ahora pueden cobrar más millones por publicidad. Crearon.
Eso se llama terms of trade, y es un término poco visitado por economistas mexicanos tan ocupados con el PIB.
Banxico informa que las exportaciones estadounidenses a México contienen más valor agregado que las exportaciones mexicanas a Estados Unidos.
En esencia, México exporta mano de obra y tierra —tequila, ensamblaje—, mientras que Estados Unidos exporta conocimiento y automatización: inteligencia artificial, software, maquinaria especializada.
Debido a que México carece de una sólida base industrial nacional de tecnología moderna para los componentes de la nueva economía que usted investiga, una parte creciente del gasto mexicano se desvía hacia los gigantes tecnológicos estadounidenses.
Amigos, eso significa que cada vez perdemos más en nuestros términos de intercambio.
Ojalá que venga más gas, mediante cualquier método. Eso puede traer más negocio a Pemex, y eso es bueno para que la empresa pague sus deudas con su dinero.
Para los demás, lo que urge es tomar en serio la intención de crear. De hacerlo como lo hicieron chinos, taiwaneses o coreanos, que no se conformaron con trabajar mucho, sino con crear sus marcas para quedarse con las ganancias y no solo con los sueldos. Samsung, LG, TSMC, BYD, Xiaomi, Lenovo, DJI…
Es hora de ser valientes y de ver más allá de un sexenio. Es tiempo de revisar el destino de la siguiente generación, que puede mejorar sus terms of trade si entendemos que crear es aún mejor que trabajar mucho.
Podríamos aprovechar el gas, presidenta.