
Hay cosas que, por hacerse una sola vez al año, no se les pone atención. Nadie investiga, nadie pregunta, nadie se detiene. Se firma, se envía y a otra cosa. Así trata mucha gente su declaración anual en México: como ese contrato del gimnasio que uno acepta sin leer, confiando en que “ahí no dice nada importante”.