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Quadratin 16 Apr, 2026 08:15

Tiempos Modernos: Resistencia, ¿ser o no ser?, es la pregunta

En la UAEM, el conflicto ya no se mide solo por consignas, sino por tiempos. Y el tiempo, esta semana, empezó a moverse en otra dirección. La Rectoría lo sabe. La Resistencia también.

El regreso a clases en la Facultad de Enfermería —símbolo del paro desde el inicio— abrió un nuevo escenario. Lo mismo ocurrió en Música y Teatro. Y la infografía que difundió la administración, con más de 27 mil estudiantes retomando actividades de un total cercano a 40 mil, no es solo un dato: es un mensaje político. La Rectoría está leyendo algo que hasta hace unos días no decía en voz alta: hay cansancio dentro del movimiento.

Ese cansancio no significa derrota, pero sí desgaste. Y en los movimientos estudiantiles, el desgaste es un factor que reconfigura estrategias.

La Resistencia lo entendió. Por eso convocó a una nueva mesa de diálogo, pero no para repetir el pliego original. Esta vez puso sobre la mesa su tema más importante para sobrevivir como actor político universitario: el reconocimiento legal de la Resistencia Estudiantil UAEM como una organización formal, con personalidad jurídica, capaz de disputar a la FEUM el monopolio de la representación estudiantil.

Ese giro lo dice todo. Ya no exigen el desconocimiento de la FEUM —saben que la Rectoría no puede hacerlo—. Ahora buscan algo más ambicioso: existir legalmente, competir, ocupar un espacio que la FEUM dejó vacío durante años.

Es un movimiento estratégico. Y también es un movimiento urgente.

Porque si la Resistencia no logra su constitución legal ahora, en medio de un conflicto que la visibilizó como nunca, difícilmente podrá hacerlo después. Sería perder la oportunidad histórica de disputar la representación estudiantil a una FEUM debilitada, deslegitimada y desconectada de la comunidad.

Pero aquí aparece el otro giro: la Rectoría ya no está diciendo a todo que sí.

Hasta hace poco, la administración cedió en casi todo: aceptó mesas, aceptó mediadores, aceptó revisar protocolos, aceptó cambios, aceptó incluso destituir a la directora de Nutrición, una decisión que en cualquier otra coyuntura habría sido impensable.

Hoy, en cambio, la Rectoría empieza a poner condiciones. Y no son menores.

Exige que la mesa sea solo entre universitarios. Pide que no haya actores externos, especialmente figuras vinculadas a partidos políticos. Busca recuperar control del proceso, después de semanas en las que el movimiento marcó el ritmo.

La Resistencia respondió que sí acudirá, pero con sus mediadores. No con acompañantes externos, pero tampoco bajo el formato que la Rectoría quiere imponer. Es un punto intermedio que nadie reconoce como ideal, pero que ambos aceptan como inevitable.

El problema es que la mesa, aun convocada, está estancada. Se rompió hace dos semanas. Y ahora, cuando es más necesaria para la Resistencia, es cuando más condiciones aparecen.

El riesgo es evidente: Si el diálogo se congela, a nadie conviene. Pero a quien menos conviene es a la Resistencia.

Porque sin reconocimiento legal, el movimiento puede quedar reducido a un episodio. Con reconocimiento, puede convertirse en un actor permanente.

La Rectoría lo sabe. La Resistencia lo sabe. La comunidad lo intuye.

Por eso esta tercera mesa no es una mesa más. Es la mesa que definirá si la Resistencia se convierte en organización o se diluye en el tiempo. Si la FEUM mantiene su monopolio o enfrenta competencia real. Si la UAEM logra un nuevo equilibrio o prolonga un conflicto que ya empieza a mostrar fracturas internas.

La pregunta no es si habrá diálogo. La pregunta es qué tan lejos puede llegar cada parte sin romper lo que queda de confianza.

Y, sobre todo, si el movimiento estudiantil puede sostener su fuerza mientras el tiempo —y la universidad— siguen avanzando sin esperar.

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