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Mundiario 16 Apr, 2026 11:28

La vivienda en propiedad cae a mínimos históricos en España y agranda la brecha generacional

España siempre ha sido un país de propietarios. Durante décadas, comprar una vivienda fue casi un rito de paso: estabilidad, herencia futura y una red de seguridad frente a crisis. Sin embargo, esa idea empieza a desmoronarse. El Banco de España ha detectado que el porcentaje de hogares con vivienda en propiedad ha bajado al 70,6% en 2024, el nivel más bajo registrado, con una caída rápida de un punto y medio en solo dos años.

El dato no es menor. En 2011, el país rozaba el 90% de propietarios. Ahora, el acceso a la vivienda se estrecha como una puerta que cada vez se cierra más deprisa, especialmente para quienes tienen menos ahorro y menos patrimonio familiar.

Una brecha que ya no es solo económica, sino generacional

La vivienda es el gran factor que explica la desigualdad patrimonial en España. Y el informe lo deja claro con cifras difíciles de ignorar. Los mayores de 74 años tienen una tasa de propiedad del 83,4%, mientras que los hogares encabezados por menores de 35 años apenas alcanzan el 36,7%. Es decir, no hablamos de una pequeña diferencia, sino de una fractura social.

Además, el problema real incluso puede ser mayor, porque estas estadísticas no incluyen a los jóvenes que siguen viviendo con sus padres, un fenómeno cada vez más frecuente por la falta de alternativas. Se retrasa la emancipación, se aplaza la vida adulta y se instala la precariedad como norma silenciosa.

Mientras tanto, los precios de la vivienda subieron un 12,7% el último año. Cuando los pisos corren como un galgo y los salarios avanzan como un peatón, el resultado es inevitable: la compra se convierte en un lujo.

La paradoja de los ingresos que suben, pero no construyen futuro

El informe también trae una noticia positiva. Entre 2021 y 2023, los hogares con menos renta fueron los que más aumentaron sus ingresos, con un crecimiento del 7% en el 20% más pobre. La desigualdad de ingresos se redujo y el índice de Gini cayó al 0,41, mínimo histórico.

Esto no ocurre por casualidad. La subida del salario mínimo y un mercado laboral más dinámico han empujado esa mejora. Pero el avance tiene límites claros, porque no basta con ganar un poco más si el alquiler absorbe esa subida como una esponja.

De hecho, el Banco de España detecta que los hogares con menos renta han perdido peso como propietarios, pasando del 55,8% al 53,1%. Y los hogares con menos riqueza neta sufren todavía más: su tasa de propiedad se desploma del 21% al 15,6%. El mensaje es evidente. Se puede mejorar el sueldo y aun así quedarse fuera del ascensor social.

Menos deuda, sí, pero no por una economía más justa

Otro dato relevante es la caída de la deuda familiar, en especial entre los hogares con menos riqueza. Podría interpretarse como prudencia financiera, pero también como síntoma de exclusión: si no puedes comprar, tampoco puedes hipotecarte. El desapalancamiento, en parte, refleja que la vivienda ya no es accesible para amplias capas sociales.

Los bancos han reducido el crédito de riesgo, y eso evita burbujas como la de 2008. Pero también consolida un mercado donde solo compra quien ya tiene respaldo previo, normalmente ahorro familiar o patrimonio heredado.

Aquí está el núcleo del problema: el país avanza en empleo y renta, pero retrocede en acceso real a vivienda. Y sin vivienda, no hay patrimonio, no hay estabilidad y no hay igualdad de oportunidades.

España necesita más vivienda pública, más control sobre la especulación y políticas que no traten el alquiler como un simple negocio. Porque si la vivienda sigue siendo un tablero donde siempre ganan los mismos, la sociedad entera acabará viviendo en una casa más pequeña, no por metros cuadrados, sino por derechos. @mundiario

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