La final de la Copa del Rey 2026 convirtió el estadio de La Cartuja en un escenario épico. Real Sociedad y Atlético de Madrid ofrecieron un duelo vibrante que terminó 2-2 tras 120 minutos de pura tensión, obligando a que el título se decidiera desde el punto de penalti. Allí, la eficacia donostiarra y la figura de su portero Marrero inclinaron la balanza, regalando a la Real un desenlace cargado de dramatismo y gloria.
El choque comenzó con un impacto inmediato: apenas habían transcurrido 14 segundos cuando Ander Barrenetxea firmó el gol más rápido en la historia de una final copera, dejando atónito al Atlético. Los rojiblancos reaccionaron con rapidez para igualar, pero antes del descanso Oyarzabal, desde los once metros, devolvió la ventaja a los suyos en un primer tiempo frenético y lleno de giros.
En la segunda mitad, el equipo de Simeone se lanzó con insistencia en busca del empate. La recompensa llegó en el tramo final gracias a Julián Álvarez, que forzó la prórroga con un tanto de carácter. El tiempo extra estuvo marcado por el desgaste físico y el miedo a perder, más que por la ambición de ganar. Sin goles en la prolongación, la historia quedó escrita en la tanda de penaltis.
Allí emergió Marrero, héroe inesperado, con paradas decisivas que coronaron a la Real Sociedad. El conjunto vasco sumó así una nueva Copa a su palmarés, confirmando su crecimiento competitivo y consolidando una identidad que lo proyecta hacia nuevas metas. El Atlético, en cambio, se quedó a las puertas de un título que habría redondeado una temporada notable.
La noche, sin embargo, fue blanquiazul. Una final que se inscribe en la memoria colectiva, recordando que en el fútbol la gloria se decide en detalles mínimos, y que esos detalles son los que construyen leyenda. @mundiario