Las situaciones no se dan solamente por sí solas. Comprender la realidad es, de alguna forma, echar un vistazo quirúrgico a los sucesos que están aconteciendo en la agenda pública. Es muy perceptible, por ejemplo, el juego electoral que se vive. Su clima nos da una idea muy clara de que los jugadores han comenzado a moverse en el mosaico preelectoral. Independientemente de esa situación inexorable, es sustancial tener el control para que no existan riesgos de rupturas o desgastes que puedan mermar los planes. En Morena, sobra decir, la presidenta de México ha tomado el control a través de los órganos de dirección del partido. Fue una estrategia habilidosa salir a escena y decir, a través de la dirigencia, que las gubernaturas tendrán representantes a mediados de este año. Es, ni más ni menos, una fórmula que no será pasajera, sino duradera al referirnos a una participación activa y dinámica. Algo así como lo que aconteció con las llamadas corcholatas que se tomaron muy en serio el formato que se les presentó para buscar adeptos a lo largo y ancho del país.
Hoy, pese a que es distinto, se juega prácticamente lo mismo. No es poca cosa la renovación de 17 gubernaturas, mayormente por lo crucial que significa tener el mayor número de congresos locales a favor. Siendo así, no nos causa asombro cómo se juegan los procesos con mucha antelación. Hemos entrado a una fase de adaptación de las circunstancias y, por ende, debemos involucrarnos más, sobre todo porque día a día emergen nombres, escenarios y un número potencialmente alto de encuestas que nos dan un panorama más preciso del pulso de la población civil. Por eso empieza a vivirse todo este entorno con mucha efervescencia. Todo esto va acompañado de nombre y apellidos que brotan en los pasillos de cualquier institución o corriente de opinión. De hecho, ya mencionamos algunas de las razones que tuvo la presidenta para abrir el abanico a la participación.
Para que una alianza funcione, queda claro, debe existir pluralidad y, por ende, equilibrio en la balanza. De ninguna forma un partido puede acapararlo todo. Eso sería un anacronismo de aquel partido de Estado. Creemos firmemente que esa etapa ya se superó por completo. Los mecanismos que se han puesto en marcha para designar, al menos en el papel, lucen transparentes. Aunque, más allá de eso, de ninguna manera los partidos que forman parte de una coalición se han quedado atrás. Manuel Velasco, uno de los pesos más fuertes del Partido Verde Ecologista de México, salió ante los medios de comunicación y, desde esos posicionamientos, alimentó una lista de nombres que propondrán para la encuesta que organice la dirección nacional de Morena. Entonces esto, además de meterle mucha presión al interior, pone al descubierto que la negociación será una de las llaves para alcanzar acuerdos y, con ello, nombrar a los candidatos.
Sin duda, hay muchos perfiles competitivos del Verde a nivel nacional; sin embargo, por el poder político que representa en esa entidad, San Luis Potosí es la principal apuesta del partido del tucán. Más claro, ni el agua: si el verde no consigue que Morena se sume a la coalición, tienen los números a su favor para refrendar el triunfo. La última encuesta que publicó Reforma, del mes de febrero, muestra un margen muy abultado de dos a uno. Creemos que, por esa razón, el PVEM ya razonó e hizo cálculos precisos para revalidar la victoria del 2021. Optar por la imagen de la senadora Ruth González, ahora que lidera todas las encuestas, es su mejor carta para hacer suya la victoria. Aunque ella no ha dicho nada al respecto, es obvio que buscará contender en la carrera por la gubernatura.
Y también el Partido del Trabajo, que se agrupará en su estructura, tendrá todo el derecho de pedir espacios de participación. No necesitamos ser muy suspicaces para saber que, en medio de esa larga lista, aparece la imagen de Reginaldo Sandoval Flores en Michoacán. Él, que se ha hecho presente en cada una de las negociaciones en la Secretaría de Gobierno por el llamado Plan B, es la apuesta del máximo exponente, Alberto Anaya. Seguramente, viéndolo desde esa perspectiva, el PT muy pronto puede anunciar quiénes serán sus cartas para medirse en la encuesta que aplique Morena. Efectivamente, el líder de la fracción parlamentaria del PT en San Lázaro no solo se ha mantenido en ese nivel de competitividad, sino que es un interlocutor eficaz con la propia presidenta para tratar asuntos de carácter legislativo. Uno de ellos, en definitiva, el Plan B.
El Plan B, de hecho, dependerá mucho de la voluntad que exista para modificar un tema en específico. Hablamos de la propuesta para llevar a cabo la revocación de mandato. El acuerdo, de llegarse a concretar, tendría que ver con mover la fecha para que el plebiscito se efectúe y no se empalme con el ejercicio electoral. Eso, efectivamente, puede traer consigo una enorme diferencia y, por ende, los dados cargados hacia la causa de Morena. De no ser así, estaríamos hablando de que nos apegaremos a la visión tradicional del federalismo, y no al espacio perfecto para aprovechar el arrastre que tiene la mandataria hoy en día. Mientras eso sucede, serán días claves para ver hasta dónde Morena está dispuesta a ceder espacios de representación popular.
Por cierto, el PT puede girar la mirada a uno de los personajes cruciales en Zacatecas. Como sabemos, el liderazgo de Saúl Monreal no solo acapara la atención, sino que puede ser muy atractivo por toda esta atmósfera que envuelve un tema del que ya hemos hablado en reiteradas ocasiones. Su caso, como el de muchos, no es nepotismo si hacemos un estudio minucioso de qué es y qué no es. Y él, pese a ese estigma inmerecido, sigue siendo el personaje con más arrastre en aquella entidad. Es notorio cómo la población civil lo apoya pese a las restricciones que ha fijado la dirección nacional de Morena. Entonces él, sin ningún problema, puede competir en la carrera por la gubernatura bajo las siglas de otra nomenclatura. Siendo así, no lo veo convirtiéndose en un contrincante de la izquierda, sino en un personaje que defiende a capa y espada el derecho constitucional de ser votado. Su poder de convocatoria, haciendo cálculos, le alcanza perfectamente para meterse de lleno entre los aspirantes más fuertes, basándonos en los últimos pormenores de las encuestas.
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