Como dijera Ben Bradlee, histórico director del Washington Post, en ocasiones un par de fotografías dicen más de un asunto que una cadena de editoriales y titulares de prensa. Me vino la cita a la cabeza cotejando dos acontecimientos de los que estos días pueblan las portadas de los diversos medios de comunicación en nuestro caso. Por un lado, el baño de multitudes que ha recibido en España Corina Machado, Premio Nobel de la Paz y opositora del régimen venezolano de Chávez y Maduro, que por cierto sigue vivo en cuanto a su estructura esencial, con la amiga de Zapatero (éste insiste en ello) Delcy Rodríguez. La otra secuencia es la foto de familia de los representantes que dicen estar “del lado correcto de la historia”, convocados por Pedro Sánchez en Barcelona, en la que se echa en falta, aparte de la representación de Irlanda, a algún dirigente europeo actual de cierto nivel, pero en la que sobresale un antiguo guerrillero del M-19 colombianos y la peculiar presidenta de México.
En Madrid ha resultado impresionante la respuesta de una representación masiva de los más de 8 millones de venezolanos del exilio, ante quien representa la esperanza de que su país retorne plenamente a la familia de las sociedades democráticas. No figuran, de momento, precisamente entre éstas, ni Cuba ni Nicaragua, especialmente la primera que ha sido objeto de una muestra de especial apoyo por los reunidos en Barcelona, sin distinguir que una cosa es el padecimiento de una población sometida por el régimen que hasta poco sostenía e iba hacia el mismo camino que Cuba, del que huyeron los miles de manifestantes que se congregaron en torno a Corina Machado. Porque una cosa es la ayuda humanitaria que Cuba precisa y otra el respaldo a su régimen opresor. Y de nuevo se obnstruye la verdad, llamando bloqueo lo que es estrictamente un embargo comercial en cuanto al crédito, de uno de los países del conjunto del comercio internacional.Como si, como denuncia el exilio cubano, no fuera la propia política de su gobierno la que produce el efecto que sufre su población.
Global Progressive Mobilisation se ha centrado en la teórica defensa de la democracia auspiciada por Pedro Sánchez y el presidente brasileño Lula da Silva. Los medios afines subrayan en sus crónicas que ha reunido a los “progresistas de todo el mundo”; lo que sin duda quiere decir que los ausentes no lo son. El mensaje esencial de esta reunión, que proyecta a Sánchez como dirigente mundial frente a Trump y el conservadurismo, o sea, el fascismo para abreviar, recuerda, aunque con más modestia a aquellas reuniones de las variadas convocatorias de países no alineados, pero esta vez en defensa de la democracia. Conviene subrayar que la coincidencia de esta reunión de demócratas con la visita a España de Corina Machado aconsejó a ésta renunciar a reunirse con el presidente del Gobierno de España, sin duda para no desentonar.
El programa del debate y sus resultados prácticos
En esta reunión de alto nivel participaron altos mandatarios de una veintena de países, entre ellos, además de Sánchez y Lula, el presidente de Colombia, Gustavo Petro; la presidenta de México, Claudia Sheimbaum; la presidenta de Irlanda, Catherine Connolly; el de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa; el de Uruguay, Yamandú Orsi, y otros líderes mundiales entre primeros ministros, vicepresidentes, vicecancilleres, ministros y embajadores. Es interesante destacar en sí mismo las tres áreas del debate, especialmente la relativa a la defensa de las instituciones y el multilateralismo; la desinformación y las tecnologías digitales, y el extremismo y la desigualdad. Sus conclusiones son una guía, un prontuario progresista a aplicar en todo el mundo que quiera estar en el lado correcto de la historia.El balance proyecta la imagen de Sánchez como referente mundial, com lo ha calificado ka presidenta de Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D) en la Eurocámara, Iratxe García.
Si bien la cumbre progresista de Barcelona concluyó con un discurso enfocado en la defensa de la democracia frente a la ultraderecha, se echan en falta acuerdos operativos para llevar a cabo ese empeño; es decir esa agenda combinada de los progresistas en defensa de la democracia y la justicia social universal. Pero sí destaca el expreso apoyo a Cuba, de forma abstracta en cuanto a que el país no está regido precisamente por un régimen democrático del orden que parece haber defendido la reunión referida. Pero los presidentes de Brasil, México y España emitieron un comunicado para incrementar de manera coordinada su ayuda humanitaria a Cuba defendiendo que sea la propia isla quien decida su futuro en libertad. He aquí lo más sorprendente de la conclusión, ya que no se insta precisamente al régimen castrista a unirse a esa gran familia de la que la cumbre ha sido pregonera. Pero con matices, claro. Más claro pareció el mensaje y la esperanza expresada en torno a Corina Machado por miles de venezolanos que huyeron de su país, protector de Cuba y camino de superarle en represión y desastre. @mundiario