
La denominada “inflación médica” es exactamente lo mismo que la inflación en cualquier otro rubro de la economía: es la variación de precios que ocurre, de un periodo a otro, en insumos, medicamentos, honorarios de consultas, uso de equipos, noches de hospital y, en general, todos los costos inherentes a la atención médica en un país.
El problema que tenemos en México es que dicho “segmento” de la inflación –o la inflación del mercado médico– resulta desproporcionado. Y ello no solamente es evidente cuando se le compara con la inflación que registran otros segmentos de la economía, sino también en relación con el resto de los países de América Latina.