Diez años después, México continúa prácticamente en el mismo punto frente al trabajo infantil. Durante 2025, 3.5 millones de niñas, niños y adolescentes de entre 5 y 17 años realizaron actividades laborales no permitidas o tareas domésticas en condiciones de riesgo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Trabajo Infantil (ENTI), publicada este 21 de octubre por el INEGI.
La cifra representa al 12.6% de la población de esa edad, una proporción ligeramente superior al 12.3% registrado en 2015. Aunque hubo una disminución frente a 2022, cuando se alcanzaron 3.7 millones de menores afectados, los nuevos resultados exhiben la persistencia del problema y una realidad menos visible: el trabajo infantil también ocurre dentro de los hogares.
Niñas, niños y adolescentes en trabajo infantil según sexo (2015-2025) | Source : INEGIEl trabajo infantil también está dentro de casa
Cuando se habla de trabajo infantil, suelen venir a la mente menores que venden productos en las calles, trabajan en mercados o participan en actividades agrícolas. Sin embargo, las estadísticas muestran que una parte considerable del problema se encuentra detrás de las puertas de las viviendas.
De los 3.5 millones de menores afectados, 1.6 millones realizaban exclusivamente ocupaciones no permitidas, mientras que 1.7 millones desarrollaban únicamente tareas domésticas en condiciones inadecuadas. Otros 200 mil combinaban ambas actividades.
Estas últimas no deben confundirse con las responsabilidades habituales que pueden asumir los integrantes de una familia. El INEGI considera trabajo infantil doméstico inadecuado aquellas actividades que, por su duración o condiciones, representan riesgos para la salud o el desarrollo, como la exposición a sustancias químicas, quemaduras, cortaduras o cargas pesadas.
Lo preocupante es su evolución. Entre 2015 y 2025, la tasa de ocupación no permitida disminuyó de 7.5% a 6.6%. En contraste, la correspondiente a quehaceres domésticos en condiciones inadecuadas aumentó de 5.7% a 6.8%.
La carga tampoco se distribuye de la misma manera. Entre quienes realizaban estas actividades domésticas de riesgo, el 30.9% de las niñas dedicaba más de 28 horas semanales, frente al 10.5% de los niños.
Trabajar para pagar la escuela o ayudar a la familia
Fuera del hogar, las condiciones laborales también revelan diferencias importantes. De los 1.8 millones de menores en ocupaciones no permitidas, el 36.2% no recibía ingresos y el 52.9% percibía como máximo un salario mínimo.
Asimismo, el 12.2% trabajaba más de 48 horas por semana, una jornada que puede superar incluso la duración habitual del empleo de una persona adulta.
¿Para qué trabajan? Según la encuesta, el 30.6% señaló que lo hacía por gusto o simplemente para ayudar. Otro 22.4% mencionó la necesidad de pagar sus estudios o cubrir gastos personales, mientras que el 14.9% buscaba aprender un oficio.
Sin embargo, estas respuestas no significan que todas las actividades se desarrollen en condiciones adecuadas. La propia encuesta clasifica las ocupaciones según la edad de los menores y los riesgos a los que están expuestos.
La relación con la educación también es significativa. Entre los menores que asistían a la escuela, la tasa de trabajo infantil fue de 9.9%; entre quienes no acudían, alcanzó 48.4%.
Aunque estos resultados no demuestran que el trabajo sea la causa directa del abandono escolar, sí evidencian una asociación que merece atención, especialmente cuando las familias dependen de la participación económica de sus hijos.
Guerrero, Oaxaca y Chiapas concentran las tasas más altas
El problema tampoco se presenta con la misma intensidad en todo México. Guerrero encabezó la lista nacional con una tasa de trabajo infantil de 22.6%, seguido de Oaxaca, con 20.9%, y Chiapas, con 20.3%.
En contraste, Sinaloa registró 5.4%, Baja California 5.8% y Coahuila 7.0%.
Si se considera el número de menores afectados y no la proporción respecto de su población, el Estado de México ocupa el primer lugar, con 335 mil, seguido de Chiapas, con 326 mil, y Veracruz, con 292 mil.
Las diferencias también aparecen entre localidades: en aquellas con menos de 100 mil habitantes, la tasa alcanzó 15.7%, frente al 8.4% de las zonas más urbanizadas.
Por primera vez, la encuesta incorporó información específica sobre poblaciones indígenas, afrodescendientes y con discapacidad. Entre quienes hablan alguna lengua indígena, el trabajo infantil afectó al 24.9%, casi el doble del promedio nacional.
Estas desigualdades coinciden con otros rezagos sociales. En su análisis sobre los derechos de la infancia, UNICEF documentó que 14 millones de niñas, niños y adolescentes vivían en situación de pobreza en México durante 2024.
Una deuda que va más allá de prohibir el trabajo
La legislación mexicana prohíbe el trabajo de menores de 15 años y establece restricciones para los adolescentes de 15 a 17, especialmente frente a actividades peligrosas.
No obstante, las cifras evidencian que la protección de la infancia requiere más que disposiciones legales. En 2025, el 83.3% de los hogares con presencia de trabajo infantil había enfrentado al menos un problema grave o muy grave durante los tres años anteriores.
Entre las dificultades señaladas destacaron el encarecimiento de los alimentos, la pérdida de ingresos laborales y la falta de lluvias.
La nueva encuesta deja una pregunta para las autoridades federales y estatales: ¿cómo reducir un problema que, una década después, continúa afectando a millones de menores y que también permanece dentro de sus propias casas?