Mundiario 20 Sep, 2026 16:02 (7 min de lectura)
Riesgo / Alerta

Merz admite un “desastre” electoral: AfD avanza, Die Linke gana en Berlín y la CDU se descalabra

Por Diego Tudares En Mundo Alemania, Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Berlín
Merz admite un “desastre” electoral: AfD avanza, Die Linke gana en Berlín y la CDU se descalabra
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• AfD lidera en Mecklemburgo y Die Linke en Berlín.
• CDU sufre peores resultados históricos regionales.
• Merz rechaza dimitir pese al desgaste político.

Las elecciones regionales celebradas este domingo en Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental han convertido el desgaste de la CDU de Friedrich Merz en el principal asunto político de la noche alemana. No porque el canciller haya perdido el poder federal —no estaba en juego—, sino porque los resultados muestran una dificultad creciente de los partidos tradicionales para contener el avance de fuerzas situadas en los extremos del espectro político.

En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la AfD aparece como primera fuerza con alrededor del 37% de los votos, ligeramente por delante del SPD, que ronda el 35,5%. La CDU queda en torno al 5,5%, apenas por encima del umbral del 5% necesario para obtener representación parlamentaria. Reuters califica el resultado democristiano como el peor de la CDU en unas elecciones regionales desde la creación de la República Federal (1949).

En Berlín, la fotografía es diferente pero apunta en la misma dirección: la ultraizquierda de Die Linke se sitúa en primera posición con aproximadamente el 24,5%, mientras la CDU queda en torno al 20% y la AfD alcanza cerca del 16%, según las primeras proyecciones. El SPD ronda el 12%. Es decir, los dos grandes partidos que sostienen buena parte del sistema político alemán durante décadas retroceden mientras ganan espacio formaciones situadas a los extremos de la izquierda y derecha.

Friedrich Merz no intentó minimizar el resultado. El canciller reconoció que el resultado de la CDU en Mecklemburgo-Pomerania Occidental constituye un “desastre”. La frase tiene especial importancia porque llega después de semanas de presión interna y de otro revés electoral para los conservadores en Sajonia-Anhalt.

Sin embargo, la conclusión personal que extrae Merz es justamente la contraria a una retirada. El canciller sostiene que continuará al frente de la CDU y del Gobierno federal y que las reformas que pretende aplicar necesitan tiempo. Los medios alemanes habían informado antes de estos comicios de la existencia de dudas dentro del entorno democristiano sobre su liderazgo, aunque los principales dirigentes de la CDU no habían planteado públicamente su sustitución.

La posición de Merz se apoya en una distinción política importante: las elecciones de este domingo son regionales, no federales. Una derrota de la CDU en un land no implica automáticamente una crisis de Gobierno en Berlín. Pero el problema para el canciller es acumulativo. Cuando los malos resultados se suceden y afectan a territorios diferentes, dejan de ser únicamente problemas locales y empiezan a alimentar un debate nacional sobre la capacidad de la dirección federal para recuperar apoyo.

Merz insiste en que su respuesta debe ser acelerar las reformas económicas. Su argumento es que Alemania necesita recuperar crecimiento, reducir costes y simplificar un Estado que considera excesivamente complejo. El canciller interpreta además el ascenso de las fuerzas radicales como una consecuencia de la pérdida de confianza en las instituciones y no como una razón para abandonar su programa.

La AfD convierte el este alemán en un laboratorio político

El triunfo de la AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental constituye otro paso relevante para una formación que ha aumentado considerablemente su presencia electoral en los estados del este. El partido ya había conseguido un resultado extraordinario en Sajonia-Anhalt el 6 de septiembre y había quedado cerca de la mayoría absoluta. Ahora vuelve a ser la fuerza más votada en otro estado oriental. El resultado confirma la expansión territorial de la AfD y aumenta las dudas sobre la eficacia de la estrategia mediante la cual los principales partidos alemanes rechazan formar coaliciones con ella.

Pero ganar las elecciones no significa necesariamente gobernar. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, los demás partidos han descartado una coalición con la AfD. La aritmética parlamentaria obliga, por tanto, a estudiar otros acuerdos, previsiblemente alrededor del SPD de Manuela Schwesig.

El resultado también refleja problemas económicos y sociales específicos del este alemán. Aunque la brecha de empleo e ingresos respecto al oeste se ha reducido desde la reunificación, persisten diferencias importantes en riqueza patrimonial y demografía. Reuters señala que la riqueza neta media de los hogares del este seguía siendo en 2023 aproximadamente la mitad de la registrada en el oeste. 

A ello se suman cuestiones como el coste de la energía, la situación económica, las pensiones y la guerra de Ucrania, asuntos que la AfD utiliza para cuestionar la política del Gobierno federal.

Berlín ofrece el contrapunto por la izquierda

Si Mecklemburgo-Pomerania Occidental representa el avance de la derecha radical, Berlín ofrece una segunda lectura: el ascenso de Die Linke. El partido obtiene aproximadamente el 24,5% y se convierte en la primera fuerza de la capital, por delante de la CDU. El salto resulta considerable porque la vivienda, los alquileres y el coste de vida han ocupado un lugar central durante la campaña.

La crisis residencial es especialmente relevante. Reuters señala que los alquileres de Berlín prácticamente se han duplicado desde 2014 y que las autoridades municipales calculan que la ciudad necesitará unas 211.000 viviendas adicionales hasta 2040. La cuestión inmobiliaria ha desplazado otros debates y ha proporcionado a Die Linke uno de sus principales argumentos electorales.

Eso no significa que el partido vaya a gobernar automáticamente. Para formar gobierno será necesario construir una mayoría parlamentaria y negociar con otras fuerzas. La primera posición electoral proporciona capacidad negociadora, pero no equivale por sí sola a una investidura.

La AfD también mejora en Berlín, aunque queda por detrás de Die Linke y de la CDU. La capital vuelve así a mostrar la fragmentación política que caracteriza cada vez más al sistema alemán: una izquierda radicalizada en determinados asuntos, una derecha radical con crecimiento sostenido y unos partidos tradicionales obligados a competir por un espacio central cada vez más estrecho.

El desgaste de la CDU llega al corazón del problema

El dato que más afecta a Merz es el 5,5% aproximado de la CDU en Mecklemburgo-Pomerania Occidental. El resultado coloca al partido al borde del umbral parlamentario y constituye una señal especialmente fuerte para una formación que durante décadas ha sido una de las principales fuerzas políticas alemanas.

En Berlín, la CDU tampoco conserva la posición dominante que obtuvo en las elecciones anteriores. Su caída hasta alrededor del 20% significa perder una parte importante de su respaldo en una ciudad que actualmente gobierna en coalición con el SPD. La explicación no puede reducirse exclusivamente a la figura de Merz. Los votantes de cada territorio tienen problemas diferentes y los candidatos regionales desempeñan un papel importante. Pero la propia dirección democristiana reconoce que las campañas se desarrollan sin el impulso que tradicionalmente proporcionaba una CDU federal fuerte.

El canciller, por tanto, afronta ahora una contradicción política: necesita tiempo para aplicar las reformas con las que pretende mejorar la economía, pero los resultados electorales adversos reducen el margen político para mantenerlas sin modificaciones. Las elecciones regionales no pueden derribar por sí mismas a un canciller federal, pero sí pueden modificar el equilibrio interno de un partido.

La AfD gana terreno en el este; Die Linke recupera espacio en Berlín; CDU y SPD pierden posiciones; y las negociaciones de coalición serán cada vez más complejas. Las próximas elecciones federales están previstas para 2029, pero la sucesión de comicios regionales está funcionando como una prueba continua para los partidos y, especialmente, para el Gobierno de Merz. @mundiario

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