HUB
El Financiero 23 Oct, 2026 06:03 (4 min de lectura)
Riesgo / Alerta

Lo esencial no puede fallar

Por Luis Wertman Zaslav En mexico México
Lo esencial no puede fallar
PUNTOS CLAVE DEL ANALISIS (IA SCOPE)
• El progreso real depende de resolver servicios esenciales como agua y luz.
• Los ciudadanos sufren costos económicos y humanos por fallas en infraestructura.

Una sociedad progresa cuando lo extraordinario se hace posible y lo esencial deja de ser un problema. Podemos hablar de inteligencia artificial, inversiones y ciudades inteligentes. Pero, ¿de qué sirve imaginar el futuro si no resolvemos lo indispensable del presente?

Abrir una llave y tener agua. Encender la luz y contar con electricidad. Caminar por calles seguras, sin baches ni inundaciones. Disponer de recolección de basura, drenaje funcional, transporte público confiable, servicios de salud oportunos, tránsito ordenado y seguridad para nuestras familias.

¡Eso no debería ser extraordinario! Debería ser la normalidad. Los servicios esenciales no deben convertirse en favores ni acontecimientos dignos de celebración. Reparar fugas, tapar baches, recoger basura o restablecer la electricidad es necesario. Pero atender una emergencia no significa resolver la causa. Y anunciar una solución tampoco equivale a conseguirla.

El verdadero progreso no se mide por lo que se anuncia, sino por los problemas que resolvemos y las oportunidades que generamos. Cuando falta agua, se comprometen la higiene y la salud. Cuando falla la electricidad, se afectan hogares, comercios y empresas. Cuando el drenaje colapsa, aparecen inundaciones y riesgos sanitarios. Cuando no se recoge la basura, se deterioran el entorno y la convivencia.

Los baches dañan vehículos y ponen en peligro a las personas. El transporte deficiente consume horas que deberían dedicarse a la familia, al trabajo o al descanso. El tránsito desordenado reduce la productividad. La atención médica tardía agrava enfermedades. Y la inseguridad limita nuestra libertad y nuestras oportunidades.

Todo esto tiene un costo económico, social y humano. El ciudadano no debería aprender a vivir entre interrupciones, riesgos y trámites interminables; merece servicios confiables y respuestas oportunas. Pero existe otro costo menos visible: acostumbrarnos a vivir así.

Aceptar las fallas como inevitables debilita nuestras expectativas y la confianza institucional. No basta con reaccionar: hay que prevenir, mantener, modernizar y garantizar continuidad.

Propongo cinco principios sencillos.

Primero: medir resultados, no anuncios. Importa cuántos hogares reciben agua de manera continua, cuánto duran las reparaciones, cuánto tarda la atención médica y cuánto tiempo recuperan las personas gracias a un transporte eficiente.

Segundo: prevenir antes de reparar. El mantenimiento oportuno de tuberías, instalaciones eléctricas, drenajes, calles y unidades de transporte evita emergencias, reduce costos y protege vidas.

Tercero: utilizar tecnología con sentido práctico. Sensores para detectar fugas, sistemas de movilidad, monitoreo de infraestructura y mejores herramientas de atención ciudadana deben traducirse en beneficios verificables, no en vitrinas de innovación.

Cuarto: establecer responsabilidades claras. Cada servicio necesita responsables identificables, objetivos medibles, presupuestos transparentes y mecanismos para corregir fallas.

Quinto: construir confianza mediante resultados. La legitimidad no depende de cuántas veces se anuncia una solución, sino de que las personas comprueben que su vida mejora.

Ningún servicio funciona de manera sostenible sin corresponsabilidad ciudadana. Cuidar los espacios públicos, respetar las normas de tránsito, disponer correctamente de los residuos, reportar fallas y proteger los recursos comunes es parte de la solución.

No se trata de buscar culpables ni de convertir las necesidades básicas en instrumentos de confrontación. Se trata de construir soluciones con voluntad, capacidad, continuidad y compromiso.

La calidad de una sociedad también se mide por la tranquilidad de su vida cotidiana. Que una madre encuentre atención médica. Que un trabajador llegue a tiempo. Que un niño camine seguro a la escuela. Que una familia tenga agua, electricidad y un entorno limpio.

Cuando lo esencial funciona, las personas dejan de gastar su energía en sobrevivir a las deficiencias y pueden dedicarla a crear, aprender, emprender y construir un futuro mejor.

El verdadero éxito no consiste en administrar indefinidamente las crisis, sino en conseguir que dejen de ser parte de nuestra normalidad. Y entre todos estos desafíos, el agua merece una responsabilidad permanente. No basta con exigir que llegue: debemos protegerla desde su origen hasta su utilización.

Y te recuerdo, el agua se cuida, no se ahorra, hoy y siempre. ¡Hacer el bien, haciéndolo bien!

Entidades Estrategicas Detectadas (Clic para explorar):