Científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica lograron resolver uno de los enigmas más llamativos de la exploración marina reciente: el misterioso “orbe dorado” encontrado en 2023 a más de tres kilómetros de profundidad en el Golfo de Alaska.
Tras más de dos años de investigación, especialistas determinaron que no se trataba de un organismo desconocido o un huevo extraño, sino de los restos de una anémona gigante de aguas profundas, específicamente de la especie Relicanthus daphneae.
El hallazgo fue realizado con el vehículo operado a distancia Deep Discoverer, que localizó esta estructura de unos 10 centímetros adherida a una roca, con una pequeña abertura que dejaba ver su interior. El objeto fue recolectado mediante succión y trasladado al Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian para su análisis.
En un inicio, el “orbe” desconcertó a los investigadores, ya que no presentaba la anatomía típica de un animal. Sin embargo, estudios posteriores revelaron que estaba compuesto por material fibroso con células urticantes, similares a las de corales y anémonas.
El análisis fue encabezado por expertos del Servicio Nacional de Pesca Marina de la NOAA y del Smithsonian, incluyendo al zoólogo Allen Collins, quien explicó que el caso requirió un enfoque multidisciplinario debido a su complejidad.
La clave para resolver el misterio fue la secuenciación completa del genoma, técnica que permitió confirmar que el ADN correspondía a un organismo animal y que coincidía casi por completo con el de la Relicanthus daphneae.
Aun así, permanece una incógnita: qué ocurrió con la parte superior de la anémona. Los científicos consideran que pudo haber muerto o desplazado, aunque admiten que probablemente nunca se sabrá con certeza.
Desde la NOAA destacaron que este tipo de descubrimientos demuestra la importancia de seguir explorando las profundidades oceánicas, donde aún existen numerosos misterios por resolver gracias a herramientas avanzadas como el análisis genético.