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El Financiero 23 Apr, 2026 01:30

Compartiendo un sueño

Este lunes 20 de abril inauguré la London Experience Week con una experiencia inmersiva basada en mi libro El grillo, que a su vez fue inspirado en un sueño que tuve hace muchos años y ahora se los quiero compartir.

Hace mucho tiempo me visitó en sueños un grillo que vino del cielo. Me enseñó un mundo nuevo e invisible a los ojos de la vigilia. Era un ser solitario y, en lugar del pasto, saltaba entre las nubes y se comía la luz de las estrellas, por eso cantaba de alegría cada vez que veía una. Esa vida de grillo celeste tuvo un costo: lo que ganó en altura lo perdió en soledad, y eso lo llevó a tener un propósito: recordarle a la gente que debe seguir soñando, aunque cueste, aunque duela. Su misión lo llevó a encontrar una gran aliada: la Luna misma, otro ser solitario hecho del material con que están compuestos los sueños. Esa historia la plasmé, como mucho de lo que escribo, al despertar. El poema se quedó guardado en un cajón durante años.

Años después, en una siesta de verano, volví a soñar con él y me recordó que su primera visita no había sido solo por placer; yo tenía que compartir su mensaje. Muchas coincidencias y manos amigas después, salió este libro que ha empezado a darle la vuelta al mundo

Primero debía encontrar al mejor ilustrador para el trabajo, y eso, la verdad, es un reto que yo mismo me impongo porque creo que la gente creativa saca lo mejor de sí cuando nadie les dice exactamente qué hacer, así que yo solo les pido que dibujen lo que ellos consideren que le queda mejor a mi cuento. Y cuando vi las ilustraciones que había hecho Gabriel Pacheco, lo invité sin pensarlo a mi proyecto porque parecía que ambos habíamos soñado lo mismo.

Después de eso, le presenté mi idea a Editorial Almadía, una de las editoriales más importantes de México y que tiene oficinas en Oaxaca, la CDMX y Madrid. Les encantó y nos ofrecieron ayudarnos con todo: incluso pusieron a Alejandro Magallanes en nuestro equipo, uno de los mejores diseñadores editoriales del país, si no el mejor.

Cuando se publicó el libro pensé que eso era todo, que ya no había más que hacer. Pero la vida siempre nos da sorpresas y muy pronto me vi recorriendo el país, yendo de una feria del libro a otra. Sin embargo, lo mejor de todo esto fue que pude visitar muchas escuelas: los niños siempre han sido muy importantes para mí, así que poder hablar sobre el poema con ellos y ver cómo se iluminaban sus caritas cuando les firmaba los libros fue lo mejor que me pudo haber pasado.

Pero no sólo soy un escritor; también soy un empresario, y mi actividad empresarial me llevó a conocer a Sergio, el CEO de Demiurgo. Cuando nos conocimos, ninguno de los dos sabía que terminaríamos trabajando juntos, pero un día, Sergio se encontró mi libro y lo leyó una y otra vez. Le encantó tanto el poema y las ilustraciones de Gabriel que se me acercó con una propuesta increíble: me propuso usar la tecnología para convertir el libro en una experiencia inmersiva. No había terminado de contarme los detalles cuando le dije que sí.

Y así es como yo y mis compatriotas terminamos en Londres, inaugurando lo que será un proyecto internacional, un sueño internacional. Porque lo que hace que la literatura sea tan rica, tan valiosa e importante, es que nos permite imaginar nuevos mundos y nos ofrece un vistazo de lo que piensan y sienten los demás. Nos hace más creativos y, sobre todo, más empáticos. Y con la ayuda de lo último en tecnología y de las sensibilidades artísticas de los mejores músicos y actores, ahora puedo mostrarle a todos el fantástico mundo que mi amigo, El Grillo, llama su hogar.

Y por último quiero felicitar también a César Gutiérrez, mi editor quien logró llevar mi poema a las librerías, pero a quien no mencioné en el evento por falta de tiempo. Porque este camino lo recorrimos juntos, y no podemos dejar a nadie atrás.

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