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El Economista 23 Apr, 2026 01:54

Teotihuacan: crónica del día después... de un atentado

Eran las 11:15 horas del miércoles 22 de abril en la puerta 2 de la zona arqueológica de Teotihuacan, sitio cuyo ataque armado sucedido el pasado lunes, dio la vuelta al mundo y en nuestro país reabrió el debate sobre el reforzamiento de la seguridad en sitios de esta índole.

Fue hasta ese momento que la zona patrimonial custodiada pudo abrir sus puertas al público, pese al compromiso previo de hacerlo en punto de las 8:00 horas, como la tarde del martes anunció el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Afuera de este acceso había ya decenas de turistas hablantes de lenguas varias expresando su molestia por el retraso. Algunos llevaban más de tres horas esperando. Más molestos estaban las y los vendedores autorizados que también tuvieron que hacer fila para ingresar a hacer su trabajo. La entrada fue completamente gratuita. La revisión no fue estrictamente rigurosa.

“Venimos de Estados Unidos, sucede todo el tiempo”

Estuvo abierto el acceso a la primera plataforma de la Pirámide de la Luna, la zona cero, donde sucedió el atentado en cuestión. Se limpió todo rastro del hecho. La vista desde allí es privilegiada hacia la Calzada de los Muertos, la Pirámide de Sol y el verde valle que los abraza.

“Tómame una foto como si mi dedo sostuviera la punta de la otra pirámide”, dijo en inglés un extranjero que escaló a este primer descanso con un grupo de turistas. Se acomodó en los vertiginosos linderos del extremo oriente de la plataforma y posó sonriente. Allí parecía que no había pasado nada. Un par de individuos ligeramente disfrazados de civiles, pero todavía reconocibles como personal de la policía, custodiaba el lugar.

Allí también estaba Imran, quien viajó desde Nueva York el fin de semana pasado para instalarse en la periferia de la zona arqueológica con un único objetivo:

“Por 20 años estuve planeando venir a Teotihuacan. He viajado a Egipto para ver sus pirámides. También estuve en Machu Picchu, en Perú. Era mi momento para estar aquí. El lunes pasado llegamos a la puerta de entrada de la zona. Era la una de la tarde, cuando nos enteramos del incidente. Vimos a muchos automóviles huyendo y nosotros no hablamos muy bien el español, así que de inicio no comprendimos bien qué estaba pasando. Esperamos incluso hasta las cinco de la tarde y simplemente nos dijeron que no abrirían y que volviéramos al día siguiente. Entonces nos fuimos a un restaurante y empezamos a recibir textos de nuestros amigos y familia preguntando si estábamos bien y si sabíamos que había sucedido un tiroteo”.

Posteriormente, Imran y su familia fueron avisados del anuncio sobre la reapertura de este miércoles, y decidieron volver. 

“Ésta es nuestra primera vez en México. Mucha gente trató de persuadirnos para no venir, sobre todo por los hechos recientes, con la mafia y cosas de ese tipo. Pero hemos viajado a otros lugares que probablemente son más peligrosos, con reputaciones similares, y no hemos tenido ningún incidente, así que decidimos venir. Honestamente, el entorno lo siento muy relajado y seguro. Mira a tu alrededor, lo importante es ver que todo el mundo está contento aquí, y eso es lo que le gusta ver a todo turista. Ahora, viniendo de Estados Unidos, lamentablemente comprendemos situaciones como ésta, porque suceden todo el tiempo”.

“Somos afortunados: podemos seguir trabajando”

Nicole es joven, pero ya es encargada de una de las tiendas de artesanías y souvenirs que tienen permiso de venta una vez superada la entrada a la zona arqueológica de Teotihuacan. Dice que el negocio ha sido heredado por generaciones en su familia, como sucede con la mayoría de los locales con permiso. Ella estaba en su local, frente a la Pirámide del Sol cuando sucedió el tiroteo.

“Nunca había pasado algo como eso. Yo estaba aquí, con mi padre, y el resto de mi familia estaba trabajando allá adentro (en la zona arqueológica). Estaban en la plataforma que se alcanza a ver desde aquí. Era lejos de la zona, pero sentimos muchos nervios y desesperación porque no sabíamos qué hacer. Afortunadamente hubo un desalojo rápido de los visitantes”, comentó la locataria.

En cierto momento, reflexiona Nicole, “era la vida de ellos o la vida de nosotros. Todos queríamos lo mismo: huir. A mí me tocó calmar a mucha gente. También había personas que se querían quedar, pensaban que quizás más tarde abrirían, pero les recomendé que regresaran a su hospedaje, porque estábamos en pánico, no sabíamos si había más personas (armadas). Hubo afectados, hubo familias que se fueron con traumas, pero hay que seguir”.

Sobre la sensación a largo plazo de un hecho sin precedentes en el sitio, dice: “Teotihuacan suele ser un sitio muy tranquilo, pero en ese momento sí sentimos temor. Aunque somos afortunados de que hayan reabierto tan rápido y que podamos seguir trabajando, pero si hubieran decidido cerrar más días, se entiende. Al final de cuentas, se trata de salvaguardar la vida de todos. Ahora, la verdad, sí sentimos algo de impotencia por no poder ayudar al turismo, porque de ellos depende nuestro trabajo. Hay familias que dependen nada más de esto”.

Al final de la jornada, el INAH anunció que recibió en esta zona arqueológica a un estimado de 1,500 personas.

INAH garantiza seguridad 

Durante la reapertura de Teotihuacan, el director INAH, Omar Vázquez, explicó que se ha redoblado la presencia de la Guardia Nacional con 60 elementos al interior y en la periferia de la zona arqueológica. Asimismo, anunció que la próxima semana se instalarán arcos de detección de metales en las cinco entradas, así como en las principales zonas arqueológicas del país: Chichén Itzá, Monte Albán, Tulum y Palenque. Expuso que el tiroteo no dejó daños en los monumentos.

“Todos queríamos lo mismo: huir.. A mí me tocó calmar a mucha gente (...) estábamos en pánico, no sabíamos si había más personas (armadas). Hubo afectados, hubo familias que se fueron con traumas, pero hay que seguir”.

Nicole, locataria en Teotihuacan

“Mucha gente trató de persuadirnos para no venir, sobre todo por los hechos recientes, con la mafia y cosas de ese tipo. Pero hemos viajado a otros lugares que probablemente son más peligrosos”.

Imran, turista estadounidense

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