Hay automóviles que se compran para conducirlos y otros que, con el paso del tiempo, terminan convertidos en piezas de colección. El Ferrari F50 que saldrá a subasta el próximo 31 de octubre en Las Vegas pertenece a la segunda categoría. Adquirido en 1997 por unos 380.000 euros, apenas ha recorrido 171 kilómetros en casi tres décadas. Ahora, su propietario confía en que el mercado esté dispuesto a pagar más de 17 millones de euros por un coche que prácticamente no ha conocido la carretera.
La operación refleja hasta qué punto el valor de determinados deportivos puede alejarse de su función original. El vehículo será ofrecido por Broad Arrow Auctions en el hotel Wynn, en una venta que despierta interés por la escasez de unidades comparables y por el estado de conservación del ejemplar. La casa de subastas considera que su kilometraje extraordinariamente bajo puede convertirlo en uno de los F50 más codiciados disponibles para los coleccionistas.
El precio potencial supone un salto enorme respecto a su coste de adquisición. Sin embargo, no se trata únicamente de una cuestión de antigüedad o de una marca reconocida. En el mercado de los automóviles históricos, la combinación de rareza, procedencia, originalidad y conservación puede resultar decisiva. En este caso, el dato que sobresale es sencillo: después de casi treinta años, el coche apenas acumula 106 millas en su odómetro, equivalentes a unos 171 kilómetros.
El Ferrari F50 ocupa, además, un lugar particular en la historia de la marca italiana. Presentado en el Salón del Automóvil de Ginebra de 1995, nació como parte de las celebraciones por el 50.º aniversario de Ferrari y como sucesor del F40. Su planteamiento buscaba acercar a la carretera algunas de las sensaciones y soluciones técnicas asociadas a la competición. No era solo un superdeportivo de altas prestaciones: también representaba una declaración de identidad de una firma que había construido buena parte de su prestigio alrededor de las carreras.
La producción limitada refuerza esa condición. Ferrari fabricó 349 unidades del F50 entre 1995 y 1997, una menos de las 350 previstas inicialmente. El ejemplar que ahora sale al mercado lleva el número de chasis 107165 y corresponde a la unidad 334 de la serie. Fue distribuido originalmente por Maranello Sales, en Egham, Surrey, y forma parte del reducido grupo de coches entregados nuevos en el Reino Unido. Su carrocería Rosso Corsa conserva la imagen característica de uno de los modelos más singulares de la década de los noventa.
Un V12 con ADN de competición
La singularidad del F50 no depende únicamente de su escasez. Su motor atmosférico V12 de 4,7 litros deriva de la experiencia de Ferrari en la Fórmula 1 y desarrolla 520 caballos de potencia. Con una velocidad máxima declarada de 325 km/h y una aceleración de cero a 100 km/h en 3,7 segundos, el modelo ofrecía prestaciones extraordinarias para su época. La conexión técnica con la competición, más que una simple estrategia comercial, formaba parte de la personalidad del vehículo.
A esa mecánica se suman una caja de cambios manual de seis velocidades y una palanca con la característica rejilla metálica, un detalle que hoy conserva un atractivo especial para los aficionados. El techo desmontable permite transformar su configuración y añade una dimensión distinta a la experiencia de conducción. En un mercado cada vez más dominado por sistemas electrónicos y transmisiones automatizadas, esta combinación mecánica contribuye a que el F50 mantenga una identidad propia entre los deportivos de colección.
El ejemplar que se ofrecerá en Las Vegas también conserva elementos que ayudan a completar su historia: techo rígido desmontable, equipaje Schedoni, herramientas, fundas y hasta unas botas de conducción sin estrenar. La carrocería roja y el interior de cuero negro con inserciones rojas mantienen la estética asociada al modelo. Según Broad Arrow Auctions, el kilometraje podría situarlo entre los ejemplares menos utilizados que se conocen, una circunstancia especialmente relevante para compradores que buscan piezas excepcionales.
Pero hay una paradoja detrás de su posible revalorización. Un Ferrari concebido para ofrecer una experiencia de conducción intensa ha pasado casi toda su vida sin ser utilizado. La conservación extrema puede elevar su atractivo en una subasta, aunque también plantea una pregunta sobre el propósito de estos automóviles: ¿su valor reside en las sensaciones para las que fueron diseñados o en la posibilidad de preservarlos como objetos irrepetibles? Para el coleccionismo, la respuesta suele depender de la rareza y del estado de cada unidad.
La futura venta permitirá comprobar hasta dónde llega esa disposición a pagar por la excepcionalidad. La estimación superior a los 17 millones de euros no garantiza que el coche alcance esa cifra, pero evidencia el lugar que ciertos Ferrari han conquistado en el mercado de lujo. Si la puja confirma las expectativas, este F50 demostrará que, en el universo de los automóviles históricos, el tiempo no siempre se mide por los kilómetros recorridos: también puede medirse por la capacidad de una pieza para conservar intacto su atractivo durante décadas. @mundiario