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Vanguardia 24 Apr, 2026 06:30

NosotrAs: Resistimos leyendo mujeres

Cuando hablamos de literatura, se viene a nuestra mente el Premio Nobel. Su primera edición fue en 1901 y, desde entonces, 117 personas han recibido el galardón. Sin embargo, sólo 18 de ellas han sido mujeres, es decir, el 15.38 % del total. Cifras similares, donde parece que las mujeres no existen, se repiten constantemente. Un libro de poesía en lengua española, que abarca ocho siglos, sólo tiene 11 autoras entre su selección.

Por fuera, puede parecer algo inofensivo, pero libros y compilaciones como esa crean la base de los planes de estudio. Todas recordamos al perrito de colores, libro perteneciente a la colección con mayor longevidad de Libros de Texto Gratuitos, de 1993 a 2008. El libro Español lecturas de sexto grado tiene un total de 86 textos, pero sólo tres de ellos pertenecen a una autora, siendo tan sólo el 3.48 %. Y aunque la cifra porcentual aumentó en los últimos años, siendo del 25 % (generación 2019), debemos seguir cuestionando a quién leemos.

En carreras como Letras o Literatura, nos plagan de autores pertenecientes al “canon”, olvidándose e ignorando las diversas propuestas que no entran en los lineamientos académicos, pero sí en las realidades de quienes leemos. Y si nosotras, como lectoras, proponemos, nombramos o hablamos de autoras, nos cuestionan nuestra elección, recordándonos que no han recibido el gran premio de literatura.

Por esto comprendí la importancia de leer mujeres. Poco a poco, empecé a cambiar mis hábitos literarios; procuraba buscar autoras que desconocía, especialmente de Latinoamérica, pues con sus obras sentía una conexión casi inexplicable. En redes sociales, leía fragmentos de poemas y hacía reseñas de libros, todo escrito por mujeres. En lo privado y en lo público, me enfoqué sólo en autoras y ellos dejaron de interesarme.

Sin embargo, los cuestionamientos o recomendaciones pasivo-agresivas no desaparecieron: “¿Cómo era posible que dejara de leer a [inserte escritor]?”. Como si la literatura hecha por ellos fuera la única existente y válida. Leer mujeres se convirtió en mi forma de resistir. Porque a los hombres habrá quien los lea, pero a las mujeres, ¿quién si no somos nosotras?

En cada oportunidad que tengan, las invito a ver los estantes de librerías, presentaciones de libros o promociones literarias con ojo crítico, reconociendo que a nuestros nombres siempre les cuesta un poco más estar ahí. Recordando que leer, recomendar y consumir literatura de mujeres es un acto de resistencia colectiva. Porque en el pasado nuestros nombres cambiaban o se borraban para poder encajar, pero hoy, entre nosotras nos respaldamos.

Y que vivan las letras hechas por mujeres, leámonos cada vez que podamos.

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