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Mundiario 25 Apr, 2026 06:00

La ciencia se organiza para cerrar la brecha política en la transición energética global

En Santa Marta, Colombia, más de 60 países han celebrado una conferencia con un objetivo que ya no se disfraza con eufemismos: avanzar hacia el abandono del petróleo, el gas y el carbón. Allí se ha anunciado la creación de un panel internacional de científicos y expertos que pretende servir como brújula para una transición energética global que, hasta ahora, ha estado llena de promesas, pero también de bloqueos y retrasos.

La iniciativa nace como respuesta a un vacío evidente. En la COP30 de 2025, celebrada en Brasil, se planteó la posibilidad de impulsar una hoja de ruta global para dejar atrás los combustibles fósiles, pero la falta de consenso dentro del marco de Naciones Unidas impidió cerrar un acuerdo sólido. Es decir, la comunidad internacional volvió a reconocer el incendio sin acordar cómo apagarlo.

El nuevo panel quiere evitar precisamente esa parálisis. Según se ha explicado, no busca crear un “nuevo consenso científico”, sino traducir lo ya conocido en decisiones más rápidas y útiles. En un mundo donde los informes se acumulan como diagnósticos repetidos, la urgencia está en pasar del papel al cambio real.

Un tablero técnico para un problema que es social

El panel estará presidido por Vera Songwe, Ottmar Edenhofer y Gilberto M. Jannuzzi, y contará con cuatro grupos de trabajo centrados en rutas de descarbonización, soluciones tecnológicas, políticas públicas y mecanismos financieros. Johan Rockström, una de las figuras científicas más relevantes en materia climática, ha sido el encargado de presentar el diseño de esta estructura, con la previsión de sumar entre 50 y 100 científicos y un equipo asesor fuera del ámbito académico.

Este detalle no es menor. Durante años, el debate energético ha estado dominado por cifras abstractas, como si el cambio climático se solucionara únicamente con gráficas. Pero la transición no es solo una sustitución de combustibles, es una transformación económica, laboral y territorial.

La ministra colombiana Irene Vélez lo expresó con claridad al hablar de “deuda histórica” y de la necesidad de investigar los límites sociales y económicos de una transición justa. Porque abandonar los fósiles no puede convertirse en un lujo reservado a quienes ya tienen recursos. Si la transición se gestiona mal, puede abrir una nueva fractura entre regiones ricas que se electrifican rápido y regiones pobres que quedan atrapadas en energía cara, empleos perdidos y desigualdad.

El gran obstáculo no es técnico, es político y financiero

Rockström lanzó una advertencia contundente al vincular este impulso con un contexto internacional cada vez más inestable, marcado por guerras y tensiones geopolíticas. El petróleo y el gas no solo calientan el planeta, también alimentan dependencias estratégicas. Y cuando los conflictos estallan, la tentación de volver a lo conocido se impone, aunque sea tóxico a largo plazo.

Aquí está el verdadero dilema. La ciencia ya ha señalado con suficiente evidencia quiénes son los responsables principales del calentamiento global. Lo que falta es valentía política y un sistema financiero que deje de premiar el modelo fósil.

Este panel, si funciona, podría ser una herramienta útil para romper la inercia. No basta con decir “hay que cambiar”, hace falta explicar cómo se financia, cómo se protegen empleos, qué sectores deben transformarse primero y qué países necesitan apoyo. Sin ese mapa, la transición se parece a cruzar un océano sin barco.

Y quizá la parte más interesante es que el panel se abre incluso a gobiernos negacionistas. No por ingenuidad, sino por pragmatismo. El clima no negocia con ideologías. Si alguien bloquea la acción climática desde el poder, el planeta no espera a que cambie de opinión.

La clave será que este panel no se convierta en otro órgano decorativo, una vitrina de expertos sin impacto real. Si logra aterrizar políticas claras, rutas verificables y financiación creíble, puede marcar un antes y un después. Porque la transición energética no es un debate académico, es el interruptor que decidirá si el futuro se ilumina o se quema. @mundiario

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